JOSEPH STIGLITZ: QUE PASA EN EL MUNDO. La crisis financiera global y el incremento significativo del desempleo.

Qué pasa con el mundo.

Entrevista al premio Nobel de Economía antes de su llegada a la Argentina para hablar en ExpoManagement.

En estos días en los que la crisis originada en el mercado financiero de Estados Unidos hiere a todo el planeta, hay que reconocerle al economista Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, haber dicho una verdad, cuando años atrás advirtió que una de las lecciones sobre la inestabilidad del sistema capitalista es que ningún país se salva de ser vulnerable, sin importar “cuáles sean las políticas del Fondo Monetario Internacional que aplique”.

Justamente, Stiglitz se caracteriza por ser uno de los críticos más potentes de las recomendaciones y la forma de actuar de los organismos multilaterales de crédito. Los cuestionamientos comenzaron cuando el mundo entero sufría los efectos de la crisis del sudeste asiático, y no provinieron de alguien que estuviera por entonces lejos de esas instituciones: nacido en 1943 en Indiana, Estados Unidos, y doctorado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, Stiglitz fue economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial entre 1997 y 2000. Antes, había sido asesor del gobierno de Bill Clinton.

Según él relata en El malestar en la globalización, una de sus obras más leídas, su paso por esos cargos hizo que cambiara radicalmente su visión sobre la globalización y el desarrollo, al comprobar que la liberación de las fronteras que implica un mundo globalizado puede tener un efecto devastador para los países no desarrollados, afectando en medida preocupante los niveles de desempleo y pobreza. Todo depende, claro, de la forma en que se gestione la apertura, y en ese sentido, Stiglitz advierte que las políticas del FMI fueron perjudiciales y no hicieron más que empeorar las cosas en situaciones de crisis.

Stiglitz, que pasó como profesor por las universidades de Yale, Stanford, Princeton, Oxford y Columbia (dicho sea de paso, una vez comentó que sus mejores alumnos nunca fueron reclutados por el FMI), fue galardonado con el Nobel, junto a los economistas George Akerlof y Michael Spence, por su trabajo sobre las asimetrías de los mercados como hecho fundamental para comprender las causas de fenómenos como el desempleo o el racionamiento del crédito. Además, es autor de Comercio justo para todos , Los felices noventa y Cómo hacer que funcione la globalización .

El martes 28 de este mes estará en la Rural para hablar sobre la economía mundial. Aquí, en diálogo con LA NACION, un anticipo de su modo de ver la crisis.

-Usted ha destacado que la actual crisis financiera derivará en una crisis prolongada en Estados Unidos. Esto era verdad incluso antes de las conmociones más recientes, pero esta conmoción hace que el riesgo de una recesión prolongada se vuelva casi una certeza. En su opinión, ¿qué consecuencias habrá en el mercado laboral?

-No hay duda de que habrá un incremento significativo del desempleo. Los mercados laborales en baja también traerán como consecuencia que los salarios reales se estancarán. El problema en Estados Unidos es que el mercado laboral está afectado. Los trabajadores no se han recuperado plenamente de la última caída económica. La tasa de desempleo es del 6,1%, pero eso no incluye el desempleo disfrazado, por ejemplo, los trabajadores de jornada incompleta, pero no por su voluntad. Si éstos se incluyen, la tasa total de desempleo supera el 11%. El desempleo probablemente aumente a niveles que no se han visto por un cuarto de siglo. Quizás a niveles que no se ven desde la Gran Depresión.

-¿Cuáles serán las repercusiones en países como la Argentina, tanto en los mercados como en la economía real y el empleo? En el caso de nuestro país, hay quienes consideran que por las actuales condiciones fiscales y económicas se amortiguarán los posibles efectos, ¿está de acuerdo?

-En una economía global, todos los países se verán afectados, pero algunos más que otros, y la Argentina puede tener la suerte de ser uno de los menos afectados. Los que dependen de las exportaciones a Estados Unidos, como México, probablemente sufran mucho. Por ejemplo, los exportadores de minerales se ven afectados por la caída de los precios de los commodities. A la Argentina le puede ir relativamente bien por dos motivos. Primero había preocupación de que la economía estuviera recalentada y esto puede resolver en parte el problema. En segundo lugar, los precios de las exportaciones han estado a niveles récord. Aunque caigan de esos picos, seguirán siendo elevados en términos históricos. Es probable que los precios de los minerales caigan marcadamente, pero los precios de los granos, menos.

-¿Cree que la Argentina es considerado un país confiable por inversores extranjeros?
-No hay tal cosa como un mercado seguro. Quizá nunca lo hubo. Por mucho tiempo la gente creyó que el dólar era una moneda fuerte y estable. Pero no lo ha sido en los últimos ocho años. Por mucho tiempo se pensó que Estados Unidos nunca tendría una crisis financiera del tipo que está teniendo; era un rasgo especial de los países en desarrollo. Pero Estados Unidos tuvo malas macropolíticas, mala regulación, procesos políticos fallidos y liderazgo débil. Quizá la Argentina haya tenido más subidas y bajadas que muchos otros países. Pero en general su crecimiento en el último lustro ha sido impresionante y a los inversores, si hubieran invertido hace 4 o 5 años aquí, les habría ido bien.

-¿Qué responsabilidad tienen los ejecutivos de compañías financieras en la crisis según su visión?

-Los ejecutivos de las compañías financieras tienen mucha responsabilidad por la crisis. El problema fue que el sistema financiero -y aún más sus ejecutivos- tenía incentivos que no estaban bien alineados con las necesidades de nuestra economía y nuestra sociedad. Cuando a la compañía le iba bien, los CEO tuvieron alta paga en opciones accionarias; cuando la compañía tenía malos resultados, su compensación era casi igual de alta, pero tomando otras formas. Hubo mucho uso de premios, pero la paga alentaba a concentrarse en el corto plazo y a correr riesgos excesivos. Compartieron las ganancias y no las pérdidas; si correr riesgos llevaba a altas ganancias hoy y grandes pérdidas mañana, los inversores podían terminar perdiendo, pero los ejecutivos de Wall Street se quedaron con sueldos enormes.

-Deberían entonces asumir las pérdidas.

-Se los premió en forma generosa, presumiblemente por manejar el riesgo y asignar el capital, lo que se suponía que debía mejorar la eficiencia de la economía tanto como para justificar su generosa compensación. Pero asignaron mal el capital, manejaron mal el riesgo, crearon el riesgo. En la economía ambiental hay un concepto básico llamado el principio de que el que poluciona paga . Es una cuestión de equidad, pero también de eficiencia. Wall Street ha polucionado nuestra economía con hipotecas tóxicas. Ahora debería pagar la limpieza.

-¿Quiénes más son responsables de esta crisis?

-Los ejecutivos financieros no son los únicos responsables de la crisis. Las agencias de calificación de riesgo tuvieron un rol crítico. Creyeron en la alquimia financiera, que podía convertir hipotecas subprime con calificación F en activos con calificación A, lo suficientemente seguros como para que los tuvieron fondos de pensión. Esto ayudó a asegurar el flujo de fondos a hipotecas riesgosas. Las autoridades también tienen responsabilidad por la crisis. Eliminamos las antiguas normativas y no hicimos nada para responder a los nuevos desafíos asegurándonos de que los mercados del siglo XXI funcionen bien.

-¿Usted cree que los CEO y los gerentes generales enfrentan ahora nuevos desafíos con relación a la capacitación?

-Por cierto que sí. El mundo está cambiando rápidamente y los CEO y gerentes generales tienen que adaptarse. Hay nuevas tecnologías, nuevos mercados y, ahora mismo, un nuevo panorama financiero.

-¿Este nuevo escenario limitará los efectos posibles de las medidas estatales que tienden a buscar la equidad social?

-En realidad, el nuevo escenario en EE.UU. ofrece nuevas oportunidades. Para que nuestra economía siga creciendo necesitaremos un programa de estímulos/recuperación. El paquete de estímulos de febrero estuvo mal diseñado y sus efectos anémicos fueron contrabalanceados por los precios del petróleo y los alimentos por las nubes. Dado el enorme incremento en el déficit en los últimos siete años (de US$ 5700 millones a más de US$ 9 billones, y eso no incluye las cuentas aún por pagar por las guerras de Irak y Afganistán, o el costo del rescate) tenemos que estar seguros de obtener el mayor efecto por cada dólar, el mayor estímulo. EE.UU. tiene el peor sistema para contención del desempleo de todos los países industrialmente avanzados, se mida en términos de cobertura, de duración o de la fracción del ingreso que se reemplaza. Un mayor gasto en seguro de desempleo y la ayuda a los estados y municipalidades estimulan la economía al mismo tiempo que promueven la equidad social.

-¿Qué puede hacerse para evitar el agravamiento de la desigualdad social debido a la recesión?

-Es probable que esta recesión sea particularmente dura para los estado-unidenses de más bajos ingresos. Millones de hogares de clase media han visto marchitarse su valor neto (activos menos obligaciones) como resultado de la caída del valor de los hogares, mayor deuda personal, caída del ahorro y salarios estancados o declinantes, todo lo cual se agrava por el colapso de las bolsas. La competencia extranjera, la debilidad de los sindicatos, la quiebra del contrato social, que gobiernan la manera en que se dividen los ingresos entre la administración empresaria y los trabajadores, y un débil mercado laboral han conspirado contra el trabajador promedio.

-¿Qué se puede hacer al respecto?

-El paso más importante que podemos dar es asegurarnos de que la recesión sea lo más corta y poco profunda que sea posible. Hay necesidad de un paquete de estímulo efectivo. Uno de los problemas que subyace a estas conmociones financieras es la gran cantidad de casas que se rematarán, principalmente de los estadounidenses de más bajos ingresos. Podemos hacer que la vivienda sea más accesible para los estadounidenses pobres y de ingresos medios, por ejemplo, convirtiendo nuestras deducciones hipotecarias en un crédito impositivo que se pueda cobrar en efectivo.

-Muchos se quedarán sin su casa…

-Echar a los pobres de sus hogares porque no pueden pagar sus hipotecas no sólo es trágico, no tiene sentido. Todo lo que sucede es que la propiedad se deteriora y la gente echada se muda a otra parte. El banquero de corazón más duro debería entender la cuestión económica básica: los bancos pierden dinero cuando liquidan casas; las casas vacantes comúnmente se venden por mucho menos que si se viviera en ella y se las cuidara. Si los bancos no renegocian, deberíamos tener un procedimiento de quiebra especial, expedito, similar a lo que hacemos para las corporaciones bajo el capítulo 11 de la ley del quiebras, que permita a la gente conservar sus casas y reestructurar sus finanzas.

-¿Qué cree que sucederá con los niveles inflacionarios en el mundo y por qué? ¿Cómo afectará esto a la gente que vive de su salario y no tiene ahorros?

-Hasta hace poco, el mundo estaba muy preocupado por la inflación, con los incrementos en los precios de alimentos y el petróleo. Pero la crisis financiera global ha hecho caer el precio del petróleo muy rápido. Los temores a la inflación se han reducido al crecer los temores por la recesión. Sin duda hay quienes ven el inmenso gasto de EE.UU. -todo financiado con déficit- incluyendo los rescates y están seguros de que eso hará que aumente la inflación. Yo estoy menos preocupado. Gran parte del dinero simplemente irá a apuntalar los balances de los bancos, para reemplazar el capital que desapareció al quedar créditos sin pagar. En el peor de los casos esto inducirá a los bancos a reducir en algo el crédito que de otro modo hubiesen otorgado. Es improbable que lleve a una expansión masiva del crédito. En síntesis, ayudará a evitar una recesión profunda.

-¿Cuál podría ser un refugio contra la crisis: comprar divisas, dólares, euros, oro, etcétera?
-No hay ningún refugio real en un mundo marcado por el tipo de inestabilidad que hemos visto. En períodos de turbulencia a menudo sube el precio del oro, pero desde un punto de vista de más largo plazo, las sociedades tienen que hacer inversiones reales -en fábricas y nuevos sectores de servicios y en la producción agropecuaria- y sólo a través de tales inversiones puede lograrse la prosperidad.

-¿Cree que habrá realmente un cambio en el sistema capitalista? ¿En qué sentido?
-El capitalismo no sólo debe cambiar, va a cambiar y ha estado cambiando. El rescate del sistema financiero de EE.UU. puede representar un punto de viraje. En un sentido, la caída de Wall Street es para el fundamentalismo de mercado -la creencia de que los mercados por sí mismos se corrigen- lo que la caída del Muro de Berlín fue para el comunismo. Los mercados no pudieron cuidarse solos; tuvieron que recurrir al estado para sobrevivir. Los mercados no asignaron bien los recursos. Está claro que en la nueva forma, el gobierno tendrá que asumir un rol mayor. Si el Estado debe rescatar a los mercados cuando fallan tanto, el Estado tiene que asegurar que se reduzcan las probabilidades de que esto suceda. Lo paradójico de este episodio es que parte del problema de Wall Street se dio por su intento de explotar a los pobres. Muchas de las hipotecas subprime involucraron préstamos depredadores. Los lobbistas del sector trabajaron duro para evitar que se impusieran normativas que hubiesen restringido estos préstamos. Ahora Wall Street -así como el resto del país- está soportando las consecuencias de esta avaricia descontrolada.

Los objetivos de la globalización han estado estrechamente ligados a los fundamentalistas de mercado, la ideología del libre mercado y la liberalización financiera. En esta crisis vemos que fallan las instituciones más orientadas al mercado en la economía más orientada al mercado y corren en busca de la ayuda del estado. Creo que va a haber cautela desde ahora en más respecto de las doctrinas de libre mercado sin ataduras. Parte del mantra de la globalización es la marcha del capitalismo al estilo de EE.UU., y ahora les va a resultar mucho más difícil vender sus ideas.

La buena noticia es que quizás esto nos permita comenzar a cambiar las instituciones y las reglas que gobiernan la globalización, para hacer que la globalización funcione o al menos funcione mejor para los países en desarrollo.

-Expomanagement también invita a Muhammad Yunus. ¿Cree que los grandes bancos también considerarán los micro créditos?

-El micro crédito se ha demostrado una manera efectiva de ayudar a los pobres. Pero los programas de micro crédito más exitosos, incluyendo el Grameen Bank de Muhammad Yunus, no están motivados por las ganancias y tienen objetivos sociales más abarcantes. Algunos bancos creen fuertemente que deben concentrarse en aumentar las ganancias para sus accionistas; otros piensan que deben tener un compromiso más amplio con el desarrollo de la comunidad. El micro crédito tiene más sentido para este último grupo.

Por Silvia Stang y Paula Urien

De la Redacción de LA NACION

Traducción: Gabriel Zadunaisky

Manuel Castells, Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2008.

Manuel Castells, Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2008. en reconocimiento a su aportación y labor científica en este campo y como premio a una trayectoria profesional.

El sociólogo publicó su primer libro en 1972, que ha sido traducido a diez idiomas y ya forma parte de los clásicos de su disciplina.

Sociólogo español, nacido en Barcelona ( Albacete )en 1942.

Madrid. (EFE).- El Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2008 ha sido concedido a Manuel Castells, en reconocimiento a su aportación y labor científica en este campo y como premio a una trayectoria profesional.

Ha sido comparado con Adam Smith y Carlos Marx, por su esfuerzo para comprender cabalmente los mecanismos de funcionamiento de lo que él denomina el capitalismo de la información. Exiliado bajo la dictadura de Franco, estudió sociología con Alain Touraine en París, y en 1966, a los 24 años de edad, se convirtió en el profesor mas jóven de la Universidad de París. Fue en su clase del campus de Nanterre donde Daniel Cohn-Bendit y otros estudiantes empezaron el Mayo Francés de 1968 (”no incitado por mi”, declama Castells), a raíz de lo cual fué expulsado de Francia.

Al llegar a a la Universidad de California Berkeley (EEUU) en 1979, Castells se encontró con el fenómeno de la revolución tecnológica de la información en pleno desarrollo. Eso cambió su vida. Sintió que esta rápida difusión de la tecnología dentro de la sociedad y la economía iba a tener un efecto significativo, y resolvió desde ese momento, que todo lo que hiciera profesionalmente, cada curso, cada proyecto de investigación, trataría sobre ese tópico.

Posteriormente enseñó en América Latina, en Singapur, Japón, Taiwan, Corea. Consultó con la Unión Soviética, China, Africa, y Europa Oriental y Occidental. En todos los casos enfocó su atención sobre el desarrollo de las tecnologías de la información y su impacto sobre la sociedad. Fué recién a partir de los libros de Castells que apareció una visión comprensiva de los mecanismos de la economía de la información y sus consecuencias sociales en todo el mundo. Castells ha estado en todas partes. Habla seis idiomas (aunque no los asiáticos), y se ha vinculado personalmente con las culturas y sociedades sobre las que escribe.

Su obra clave es una monumental trilogía publicada bajo el título general de La Era de la Información: 1) La Sociedad Red, 1996; 2) El poder de la identidad, 1997; 3) Fin de Milenio,1998.

La Era de la Información es un estudio comprensivo, región por región, plenamente documentado en los cambios económicos, sociales y culturales del siglo XX. Pero es mucho mas que una investigación académica. Es un intento visionario para comprender los cambios que describe. Castells ve la “Sociedad en Red” como una nueva forma de organización social, no una simple etiqueta para un fenómeno tecnológico. En la “Sociedad en Red” la identidad personal se define a partir de la conexión a una red, antes que por la ubicación dentro de una familia, clan, tribu o estado. Las sociedades, para Castells, están siendo estructuradas a partir de la complemetariedad bipolar de Red y Ego.

“En un mundo de flujos globales de salud, poder e imágenes, la búsqueda de la identidad colectiva o individual, asignada o construída, se vuelve la fuente fundamental del sentido social”, escribe. Y debido a la prevalencia actual de la tecnología de la información, el mundo está siendo quebrado entre una tecno-elite, globalmente conectada, y las identidades comunitarias, atrincheradas en lo local. Castells destaca la importancia del moderno proceso de localización, a la par de la globalización. A partir de esas definiciones Castells visualiza un siglo XXI, en el cual las identidades serán absorbidas en la red, o excluídas de ella como se ha hecho con algunas tribus indígenas en reservaciones. Esas serán, dice, las batallas culturales del siglo 21.

*. En el segundo volumen de la serie -El Poder de la Identidad- muestra la importancia de la identidad cultural, religiosa y nacional como fuente de significado para las personas, y las implicaciones de este hecho para los movimientos sociales. Estudia las movilizaciones populares contra la globalización sin freno de riqueza y el poder, así como la formación de proyectos alternativos de organización social, como los que representan el movimiento ecologista y el feminista. En la segunda edición (ampliada), habla sobre como el Foro Social Mundial originado en Porto Alegre emerge como una de las formas más novedosas de organización activista global en red.

La obra es el resultado de doce años de investigación en la que recorre todos los aspectos de la nueva sociedad tecnológica: la economía global, el fin del patriarcado, el papel del estado, los movimientos sociales contra el orden global, el nuevo concepto del trabajo, la crisis de la democracia, la pujanza del Pacífico, el cuarto mundo informacional, etc, y conceptos nucleares tan sugerentes como la “cultura de la virtualidad real” y el nacimiento del “Estado Red”.

*. El Estado del bienestar y la sociedad de la información.

Castells ha publicado un análisis de caso de sus teorías “El Estado del bienestar y la Sociedad de la Información”, conjuntamente con Pekka Himanen. En dicho libro, Castells y Himanen analizan el caso de Finlandia, como ejemplo exitoso de inserción en un mundo globalizado de la mano del desarrollo de la sociedad de la información, manteniendo el contrato social entre el estado y la sociedad con su población y una distribución de esos beneficios de forma bastante homogénea. Así pues, demuestran cómo, en contraposición a Estados Unidos, la globalización de su economía no se traduce en una desigualdad social que se refleja en el aumento de la marginalidad de los individuos más desprotegidos por el Estado. En la metamorfósis finlandesa, se demuestran como elementos clave, la identidad ciudadana finlandesa reforzada por el informacionalismo, la habilidad del Estado para conjugar el desarrollo de esa identidad mediante la promoción de la sociedad de la información y sus sinergias con los sectores privado y público así como entre estos últimos.

En el segundo volumen de la serie -El Poder de la Identidad- muestra la importancia de la identidad cultural, religiosa y nacional como fuente de significado para las personas, y las implicaciones de este hecho para los movimientos sociales. Estudia las movilizaciones populares contra la globalización sin freno de riqueza y el poder, así como la formación de proyectos alternativos de organización social, como los que representan el movimiento ecologista y el feminista. En la segunda edición (ampliada), habla sobre como el Foro Social Mundial originado en Porto Alegre emerge como una de las formas más novedosas de organización activista global en red.

Castells se rehúsa explícitamente a ofrecer un programa para enfrentar los cambios que describe, a pesar de que claramente se preocupa por ellos. No por nada la tapa de su primer volúmen muestra una foto de la Tierra, y el segundo un poster zapatista. Recientemente Castells ha colaborado activamente en la elaboración del programa 2000 del PSOE (Partido Socialista Obrero Español).

Entre sus Libros publicados :

Movimientos sociales urbanos (grassroots movements), 1975.

La Cuestión Urbana, 1976.

Crítica educativa en la Nueva Era de la Información

Las tecnópolis del mundo (Technopoles of de world), 1994.

La ciudad informacional (The Informational City, 1991), 1995.

El colapso del Comunismo Soviético: una mirada desde la Sociedad de la Información,

con Emma Kiselyova, 1995.

Local y global, junto con Jordi Borja, 1997.

La Sociedad Red (The Rise of Network Society), La Era de la Información, Volúmen 1,

1996. Alianza.

El Poder de la Identidad (The Power of identity), La Era de la Información, Volúmen 2,

1997. Alianza.
Fin de Milenio (End of Millenium), La Era de la Información. Volúmen 3, 1998. Alianza.

EN HOMENAJE Y RECONOCIMIENTO AL MAESTRO, CIENTIFICO SOCIAL,

MAESTRO SOCIALISTA PUBLICAMOS EL PRESENTE TRABAJO.

JAMES PETRAS: ” A los CAPITALISTAS hoy en día no les importa ni un pito si es un INDIO, NEGRO o un CHINO el que defiende sus intereses “.

JAMES PETRAS

Gastaron 2 mil millones de dólares entre presidenciables y congresistas. El precio de ser presidente norteamericano es 700 mil millones de dólares, y congresistas por lo menos, podríamos decir entre 50 y 70 millones para el Senado;

Obama es un conservador populista o populista conservador.

Chury: Estamos en contacto con James Petras en Estados Unidos. Buen día, ¿cómo estás?

Petras: Bien, gracias que termina esta campaña multi mil millonaria.

Chury: ¿Cuál es tu opinión de lo que ha sido toda esta campaña, los resultados y lo que vendrá?

Petras: Gastaron 2 mil millones de dólares entre presidenciables y congresistas. El precio de ser presidente norteamericano es 700 mil millones de dólares, y congresistas por lo menos, podríamos decir entre 50 y 70 millones para el Senado; y para congresistas comunes entre 20 y 25 millones, eso es lo más sobresaliente, claramente el problema económico ayudó mucho, también el éxito de organización, el espectáculo, la capacidad de Obama de proyectar una imagen de cambio frente a la crisis que está enfrentando la gente. Particularmente con un gran apoyo de los jóvenes negros y clase media con educación universitaria, como dicen los comentaristas. Pero de fondo hay que ir atrás del espectáculo.

Los medios de comunicación aquí presentaron mucho la imagen de gran movilización, gran muchedumbre asistiendo a la campaña final de celebración de la victoria, pero atrás ya las camarillas están operando.El primer anuncio es que un israelita va a ser jefe de agenda en la Casa Blanca, Rahm Emanuel que sirvió en el ejército israelita en Inteligencia. Entonces ya tenemos el primer paso que realmente define la próxima política del señor Obama en Medio Oriente.Lo demás son pura espuma, que va a cambiar esto, lo otro, pero de fondo todo lo que indica que va aumentar el presupuesto militar, aumentar la presencia militar en Afganistán y seguir una política bastante bélica en el Medio Oriente.

¿Cómo se puede invertir en programas de salud, educación, etc. cuando ya está dedicando 700 mil millones de dólares a proyectos militares?Es imposible mantener la disciplina fiscal de que habla, con tantos compromisos con prioridades militares.

Yo creo que todo es una farsa pero aquí la gente sin tomar en cuenta el equipo, sin tomar en cuenta las contradicciones declarativas, tienen grandes expectativas.
Aquí la gente que votó a Obama, que son la gran mayoría, por lo menos 54%, están con las ilusiones de que Obama está a la altura de hacer cambios importantes, tanto en el sistema financiero como en la política externa. Y yo creo que en 6 meses, dentro de su Presidencia, vamos a ver un gran desencanto. Pero ahora están celebrando, están excitados y definen la política gran victoria para los negros. Pero el señor Obama no ofreció ni una propuesta para mejorar la situación de los negros, incluso nunca mencionó el problema de discriminación racista en los salarios, la ocupación, etcétera.

Chury: ¿Debemos comprender entonces que los norteamericanos no tenían opciones?
Petras: Bueno teníamos opciones pero como ves, ni mencionan los otros candidatos. Ni en la campaña, ni permitían participar en ninguna emisora grande de medios de comunicación de masas. Incluso no han publicado en ningún lado la votación para los candidatos alternativos. Hay censura absoluta, que se puede hablar de una actitud que se puede hablar de una dictadura bipartidaria aquí. Lo que pasa es que todos los medios favorecieron a Obama como el gran capital. Obama duplicó los gastos financieros de los republicanos, grandes sectores de Wall Street apoyaron a Obama y los medios de influencia sionista también prestaron un gran aporte con excepción de la cadena Fox News, los principales medios favorecieran a Obama.

Entonces con Wall Street, con los medios de comunicación de masas, con la influencia sionista, ya tenía una gran parte de la cúpula de poder aquí en su favor.
Obama es un conservador populista o populista conservador. Todo su estilo de hacer política parece un populista, habla al pueblo, habla del cambio, muy gentil en su apariencia, tiene una buena relación popular.Pero si uno analiza atrás de la fachada, las fuentes de financiamiento, los principales inversores de su campaña, es un conservador.
Por eso digo el populismo conservador ganó contra el viejo conservadurismo más puro.

Creo que Obama ganó también porque Ma Cain hizo un error táctico apoyando los préstamos en Wall Street y perdió su imagen como un populista, Mc Cain ya no podría presentarse como populista frente al apoyo de 700.000 millones a Wall Street. Eso lo tachó como un conservador pro Wall Street, a pesar que el mismo Obama apoyó esta inyección a Wall Street.

Chury: Decía Chávez no hace mucho que era realmente una cosa novedosa y fuerte que ganara un negro en los EEUU pero que él iba a esperar que ese ganador estuviera a la altura de la historia que lo compromete. Es difícil eso, ¿no?

Petras: Si, la izquierda, Fidel Castro y los demás, que piensan que el hecho de un negro…
Mira, a los capitalistas hoy en día no les importa ni un pito si es un indio, negro o un chino el que defiende sus intereses.

En este momento necesitaban un recambio, salió Obama como una fuerza electoral, con posibilidades de ganar y con un compromiso del gran capital principalmente el sector financiero.

Y ¡ojo!, el sector financiero respaldó a Obama.

Los grandes capitales financieros eran unos de las principales fuentes de apoyo desde Washington, desde Nueva York, Wall Street hasta Los Angeles pasando por Chicago.

Chury: ¿Se puede esperar algún cambio en política exterior? Me refiero a las guerras que mantiene EEUU y particularmente a la política hacia América Latina, sobre Cuba y Venezuela, por ejemplo. ¿Hay algo que haya anunciado de cambios Obama?

Petras: Bueno, sólo hemos visto cambios para peor y en relación a Afganistán.Es decir, la posición de Obama hacia Afganistán es más hacia la derecha que Bush, quiere una escalada, habla de dos brigadas más, un porcentaje -dice- de 10 o 15 mil soldados más.

Ahora hay un doble discurso con Irak. Habla de retirar tropas pero no de sacarlos, dice bajar el número de tropas y tratar de mantenerlos como una fuerza de reserva. Eso es un paso atrás en relación con el año pasado cuando hablaba de retirar todas las tropas.

Con América Latina habla más de un cambio de estilo. Es decir, negociar y dialogar con Chávez pero sin cambiar su definición del gobierno de Chávez como un gobierno anti-norteamericano y autoritario.Yo no veo ningún gran cambio, porque el Sr. Obama tiene un doble discurso, en un lado habla de libre comercio y del otro lado -para conseguir votos sindicales- hablaba de mayor proteccionismo de la industria, es decir, imponer barreras a las exportaciones latinoamericanas.Entonces liberalismo y proteccionismo son las dos caras de la política hacia América Latina.

Tal vez alguna distancia de Uribe es muy posible por los asesinatos que han hecho y las manchas de sangre, etc. Creo que Obama va a tratar de acercarse a los liberales sociales como Lula, que es un poco el espejo de su política.

Chury: ¿Hay algunos parecidos a Lula en el resto de América Latina?

Petras: Sí, tal vez Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet, Lula podrían ser la contrapartida.
Pero el asunto importante, es que la principal prioridad es la quiebra de la economía doméstica. No va a dar demasiada atención a la política externa a parte del Medio Oriente.
Nombró como Jefe de su equipo de la Casa Blanca a un sionista fanático, Rahm Emanuel que sirvió en el ejército israelita incluso en la Inteligencia, ahora está a cargo de la Agenda, o sea es quien puede ver y no ver los temas del día.
Eso es una indicación del camino que va a tomar Obama en relación con Israel, Palestina y los problemas de Medio Oriente que no es exactamente algo óptimo para los pueblos de Medio Oriente.

Chury: ¿Quiere decir que el cambio con nuevo inquilino de la Casa Blanca simplemente se reduce a un cambio de color de piel?

Petras: No exactamente.

Yo creo que hay un factor que no debemos excluir, que son las presiones económicas que van a aumentar.

La crisis actual va a empeorar, no pueden seguir con los brazos cruzados frente al colapso de la economía.

Algunas medidas por ejemplo algunos gastos, algún aumento fiscal sobre la economía es probable porque entremos en una crisis formidable, la recesión ya está, el sector manufacturero es negativo, el consumo es negativo.

No pueden siempre mirar las cosas como George Bush. Tiene la obligación de tomar algunas medidas.

Cualquier político norteamericano no se puede quedar al margen como tocando la guitarra al estilo de Bush, pero las medidas son simplemente orientadas a fortalecer las actividades capitalistas y no hay ningún programa de bienestar social que podría estimular la economía.

Castells cree que el uso adecuado de las TIC en España cambiará la política

Manuel Castells

El sociólogo Manuel Castells ha señalado hoy que las tecnologías de la información y comunicación (TIC) han sido elementos ‘decisivos’ en la campaña de Barack Obama, si bien ha advertido de que no cualquier política se adapta a internet y que en España aún no hay partidos que ‘hagan nada de esto’.

‘Alguna vez surgirá un Obama y habrá un terremoto político en el país’ (España), ha remachado este sociólogo en relación con el uso de internet desde el punto de vista de la política y las elecciones.

Para Castells, Obama no ha ganado por haber utilizado internet en su campaña, sino que lo importante es que ha podido usar la red porque tenía detrás un movimiento social apoyándole y un apoyo masivo de los jóvenes, que son los que realmente están en internet.

‘Ha sido un elemento decisivo, pero no cualquier política se adapta a internet’, ha aclarado Castells, quien ha añadido que ‘no es una cuestión de tecnología’, ya que ’si no hay un esfuerzo de participación y de creer en la gente y de ir con la gente, entonces la tecnología no sirve’.

En este sentido, este sociólogo ha dicho que cuando ‘hay un movimiento político horizontal, participativo y abierto, la tecnología lo multiplica’; por lo tanto, la clave ‘es la combinación entre el tipo de política que se hace, el tipo de gente que participa y la tecnología que se utiliza’.

En España, según ha indicado, ‘todavía no hay partidos que hagan nada de esto, ni parecido’, aunque sí una base social de jóvenes que usan Internet masivamente: ‘hay Internet pero no hay conexión con el sistema político’.

En este contexto, ha opinado que ‘alguna vez surgirá un Obama, y habrá un terremoto político en el país’.

Según Castells, para que los jóvenes en EEUU se movilizaran como lo hicieron hacía falta Internet y ha agregado que sin este instrumento el candidato demócrata ‘no hubiera conseguido los 605 millones de dólares para su campaña, porque el 62 por ciento de las donaciones se hicieron por Internet’.

Castells va a participar hoy en un debate organizado por la Fundación Banco Santander sobre el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la sociedad, junto a Cecilia Castaño, catedrática de Economía aplicada de la Universidad Complutense.

Este sociólogo ha declarado que con internet los periodistas y profesores han perdido el monopolio de la comunicación.

Además, el sociólogo ha relatado que en Irán existen 500.000 blogs y que un 40 por ciento son de mujeres.

Este primer debate se incluye en un ciclo llamado ‘El mundo que viene’, en el que además se analizará el impacto de las TIC en la empresa, la educación y la comunicación.
Están coordinados por Castells e Imma Tubella, rectora de la Universidad Abierta de Barcelona.

Consecuencias inevitables del neo liberalismo y de su globalización

José Galiano H.   

Es necesario y urgente, concebir un régimen de convivencia humana que, en el ámbito económico y social, constituya una alternativa al capitalismo, que sea viable en su aplicación práctica, eficaz en su proyecto de vida y justo en sus fundamentos éticos.

Es necesario y urgente porque el orden capitalista en que estamos atrapados no es sólo un atropello inicuo a las 2/3 partes de la población del mundo, sino una fuente constante de destrucción de la atmósfera, de extinción progresiva de las diversas especies de vida animal y vegetal, de agotamiento de los recursos no renovables, y de confrontación, corrupción y sufrimiento de la vida humana.

Porque son hechos de la historia y de la realidad contemporánea que el sistema económico social en que hemos vivido durante los últimos cuatro siglos es absolutamente incapaz, no sólo de construir un mundo justo -en que la vida consista en un episodio posible y grato para todos- sino además, absolutamente incompatible con la sobrevivencia de un a población que se aproximará a los 10.000 millones a fines de la próxima década y que puede alcanzar los 50.000 millones a comienzos del próximo siglo.

El sistema capitalista bajo el cual convivimos, ni siquiera fue concebido para administrar los bienes y servicios del mundo de hoy. No lo fue, porque los ideólogos que lo concibieron y lo justificaron, nunca tuvieron en su mente una realidad como la actual.

En cuanto a la magnitud de la población, sólo advirtieron, alegremente, que Malthus se había equivocado al presumir que los productos alimenticios del planeta se incrementarían en proporción aritmética, mientras la población crecería en progresión geométrica. Pero no descartaron el presagio de Malthus, porque adivinaran que los alimentos podrían multiplicarse casi indefinidamente; sino porque concebían la economía para un “mundo civilizado” y no “primitivo”, que apenas se conocía y que vivía en estado de naturaleza; como vivían y siguen viviendo las demás especies del reino animal. Porque entendían la economía como una realidad basada en el intercambio de los proveedores de bienes y servicios, movidos simplemente por sus decisiones de voluntad en razón de sus propios intereses; porque los no proveedores de bienes nada tenían que intercambiar como no fuera su trabajo; y porque este trabajo, en sus formas más numerosas y por lo mismo más humildes, competían con el trabajo de los esclavos; que para ellos no eran personas sino cosas y cuyo costo de manutención nunca aumentaría. Porque además, contaban con las guerras como fenómeno inextinguible; cuyos efectos, dolorosos pero inevitables, se encargarían de frenar “espontáneamente” el incremento excesivo de la población, colaborando en ello con las enfermedades infecciosas endémicas y epidémicas; que jamás sospecharon que podrían prevenirse ni curarse.

En cuanto a los avances de la ciencia y la tecnología; ni a los intelectuales de la Ilustración, ni a sus precursores ni a sus seguidores -en el aprovechamiento de las bondades del mercado- se les pasó siquiera por la mente, que los instrumentos para comunicarse llegaran a ser instantáneos, sin importar la distancia a que se encontraran los interlocutores; que los medios de transportes superarían la velocidad del sonido y en el campo interestelar se aproximarían audazmente a la velocidad de la luz. Tampoco se imaginaron que el trabajo manual pudiera transformarse, casi en su totalidad, en una manipulación de botones, teclas, ondas radiales y conexiones; y que, en consecuencia, el obrero semianalfabeto fuera masivamente sustituido por técnicos e intelectuales de las ciencias físicas, químicas, biológicas y matemáticas. Menos aún pudieron suponer, que estos avances -que hacen de la vida una aventura casi prodigiosa y que pueden hacerla más grata y confortable- estarían diariamente a la vista y observación de todos los habitantes de la tierra; y que; en consecuencia, las necesidades desconocidas y en silencio de los pueblos se transformarían en demanda potencial por bienes y servicios de 6.000 millones de personas; y que de ellos, 2.000 millones, aspirando legítimamente a su acceso, no podrían siquiera visualizar la posibilidad de adquirir esos bienes ni de utilizar esos servicios, que se les exhibe tentadoramente todos los días. Nada de esto pudo ser soñado por los mentores del capitalismo de los siglos XVII, XVIII o XIX, no obstante, los economistas del siglo XX -que han sido testigos de una realidad incompatible con el capitalismo clásico y que pudo ser viable y eficaz para un 10% de la población del mundo de aquellas épocas- han perseverado con afanosa tozudez en su preservación.

¿Quién podría sorprenderse, entonces, que bajo este régimen, 1.500 millones de personas -es decir uno de cada cuatro habitantes- viva en extrema pobreza y que 15 millones de personas -1 de cada 400 habitantes- muera de hambre cada año?

Pero esas cifras estremecedoras no son tampoco la única consecuencia de la falta de idoneidad del neo liberalismo, porque frente a ella están los guarismos que revelan el derroche en armas, en lujo, en juego y en vicios, incluida la drogadicción, cuyos consumidores pertenecen en un 80% al mundo desarrollado. Y esas cifras podrían también confrontarse con las utilidades netas de las grandes empresas multinacionales; o con la babélica escala de las rentas del trabajo, donde uno de los trabajadores intelectuales más ricos del mundo gana en un año, lo mismo que un obrero manual de un país pobre ganaría en 2.200 años.

Tampoco es posible ignorar, que bajo el ordenamiento económico que rige aún en el mundo de hoy -en este siglo XXI, que encuentra saturada la industria de objetos destinados a reemplazar el trabajo humano y a multiplicar su rendimiento y su eficacia a cifras astronómicas- los efectos prácticos de la tecnología, no se traducen en que todos trabajemos menos para producir las mismas cosas, sino en que menos personas trabajen lo mismo, o más de lo que trabajaban antes; mientras un cuarto de la masa laboral del mundo permanece desempleada. Esto significa que la plusvalía generada por el trabajo humano -según la descripción de Marx- se la sigue apropiando indebidamente el dueño del capital. Pero esa plusvalía, que es ahora mayor que antes del automatismo, se la sustrae a un número menor de trabajadores. Dicho de una manera más cruda pero más exacta: a uno de cada cuatro trabajadores, ya ni siquiera se le puede sustraer la plusvalía de su trabajo, porque no tiene trabajo, ni ingresos, a menos que pertenezca a un país desarrollado y el Estado lo subsidie mientras permanece desempleado.

Pero no podría dar por concluida esta ominosa realidad, sin recordar el hecho más elemental, histórico e identificatorio de la filosofía capitalista. Este rasgo peculiar del liberalismo económico de todos los tiempos, descrito crudamente por el propio Adam Smith, consiste nada menos que en su trágica e inevitable secuencia crítica. En efecto, bajo el impulso de las leyes del mercado, los ciclos de prosperidad promovidos por el aumento de las utilidades de las empresas o por nuevas inversiones, generan también nuevos puestos de trabajo y en alguna medida, incremento de los sueldos y salarios; todo ello se traduce en mayor demanda de bienes y servicios -¿pero hasta cuando?-. Sólo hasta que el aumento de los precios -desatado por el incremento de la demanda- provoque los primeros signos inflacionarios y el consiguiente desorden financiero. A partir de ese momento; el aumento de los precios provocará la disminución de la demanda; las empresas reducirán su producción o retirarán parte de sus inversiones; ello aumenta el desempleo y se configura la crisis alternativa a la inflación, es decir la crisis de la recesión. Hasta el siglo XXI, los ciclos críticos entre inflación y desempleo se repetían aproximadamente cada 15 años, a partir de la segunda mitad del siglo XX, la velocidad que empiezan a adquirir los medios de comunicación y de transporte, han venido aproximando las reacciones entre el incremento de la demanda y la reducción de la oferta, pero además, han acelerado el contagio de las crisis locales, a todas las regiones vinculadas comercialmente al país en crisis. De este modo, los temas cíclicos entre inflación y recesión se vienen repitiendo virtualmente cada cinco años y afectan cada vez a mayor número de naciones.

La perspectiva del orden económico en que vivimos no puede ser más desoladora.

Latinoamérica y la Crisis Mundial.

Augusto de la Torre.

Washington, DC 9 de octubre de 2008.- La contracción del crédito, la reducción de la demanda de las exportaciones y la caída de los precios de las materias primas provocados por la crisis financiera mundial han empezado a impactar a los países de América Latina y el Caribe, aseguró Augusto de la Torre, economista en jefe del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe (ALC).

De acuerdo con De la Torre, la región en general está mejor posicionada que en el pasado debido al fuerte crecimiento que registró en los últimos cinco años (de 5% en promedio) y a la implementación de políticas macroeconómicas y fiscales saludables. Pero, ante la magnitud de la actual crisis sin precedentes y el temor e incertidumbre que existe en cuanto a su alcance e impacto, la región no saldrá ilesa.

“Desde el panorama económico para América Latina y el Caribe que presentamos en abril de 2008, la situación externa se ha deteriorado significativamente”, dijo ayer De la Torre en conferencia de prensa. “Tres impactos globales interrelacionados golpean a la economía mundial: la crisis financiera, la desaceleración del crecimiento y los cambios en los precios relativos internacionales (especialmente el debilitamiento en el precio de las materias primas). Estos impactos se agrandan, se refuerzan mutuamente cada vez más y se esparcen alrededor del mundo, y los efectos relativos en cada país continúan evolucionando”.De la Torre dijo que América Latina presenta una caída de los índices bursátiles y ajustes monetarios significativos, estos últimos relacionados en gran medida con la cancelación de anteriores posiciones especulativas (los llamados “carry trades”). El costo del financiamiento externo ha aumentado bruscamente, en especial para las compañías latinoamericanas, pero también para los bonos soberanos de la región. Al 7 de octubre, el margen de riesgo promedio para los bonos corporativos y soberanos latinoamericanos subió 578 y 603 puntos básicos, respectivamente.

Sin embargo, el economista advirtió que el deterioro del margen de riesgo comenzó desde una base históricamente baja, con precios altos para las acciones bursátiles, monedas apreciadas y flujos externos de capital inéditos, efectos menos pronunciados en América Latina en comparación con otros mercados emergentes. El resto de los indicadores económicos no parecen verse afectados aún: de acuerdo con las más recientes estimaciones, los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) a la región se han mantenido en un nivel alto y la deuda en moneda local y los mercados interbancarios también se han comportado relativamente bien en la mayoría de los países. No obstante, las condiciones financieras locales deben ser monitoreadas de cerca.

La desaceleración mundial, una preocupación creciente.

De la Torre dijo que el probable estancamiento económico de los países ricos y la aguda desaceleración de las economías asiáticas afectarán negativamente el crecimiento en la región. El principal catalizador será una disminución en la demanda mundial de las exportaciones latinoamericanas. La reducción de las remesas (especialmente importantes en América Central, el Caribe y México), los débiles precios de las materias primas, un mayor costo del endeudamiento y el lastre de las políticas económicas contractivas llevadas a cabo por los países de ALC para contener la inflación también agudizarán la situación.

El Banco Mundial prevé que el crecimiento económico en ALC disminuya de 5,6% en 2007 a 4,6% en 2008, y a alrededor de 2,5 a 3,5% en 2009. Si bien la desaceleración en ALC será mayor a la prevista inicialmente, este declive partirá desde la base de crecimiento alto, que la región mostró en los últimos años. Los países con un comercio internacional diversificado, como Argentina, Perú y Brasil, verán un impacto mitigado y retardado debido al fuerte crecimiento de China. Los países que tengan un mejor desempeño ante la crisis serán los que logren reducir sus vulnerabilidades, incrementar la tasa de inversión, diversificar sus mercados de exportación y restablecer el crecimiento de la productividad. Las fluctuaciones en el precio de las materias primas tendrán efectos diferentes en cada país.

El descenso en el precio de las materias primas debido a la desaceleración económica deteriorará los términos de intercambio para la región en general, dado que América Latina es un exportador neto de materias primas. Más del 90% del Producto Interno Bruto (PIB) y de la población de la región reside en países que son exportadores netos de materias primas.

Esta crisis sigue a un período donde los países se vieron beneficiados por el alza en el precio de las materias primas. Alrededor de la mitad de los países de la región, ubicados esencialmente en América Central y el Caribe, son importadores netos de materias primas. Para ellos, el reciente descenso del precio internacional de los combustibles, metales industriales y cereales será un alivio. En muchos casos este alivio tendrá su contraparte negativa en el menor flujo de remesas y en un crecimiento económico estancad, pero la caída en el precio internacional de los alimentos y combustibles ayudará a reducir la inflación a la que anteriormente contribuyeron.

Perspectivas poco alentadoras.

De la Torre dijo que mientras existe incertidumbre sobre las consecuencias finales de estos impactos globales en ALC, el riesgo de pérdidas se ha incrementado y ha obligado a una reconsideración de los desafíos y prioridades de políticas. La capacidad de los países latinoamericanos de responder a estas circunstancias deterioradas dependerá de la ramificación de sus vulnerabilidades reales y financieras. El economista explicó que las autoridades deberán decidir si y cuándo expandir la política monetaria y sostuvo que la respuesta dependerá en parte del nivel inflacionario y la tensión a la que estén sometidos los sistemas financieros y las monedas nacionales.

La globalización del miedo

RUBÉN Herrero*

Acabamos de comprobar cómo la globalización no es algo exclusivamente económico. Unos organismos microscópicos se han encargado de recordarnos que ellos también forman parte de la sociedad global. No mueven directamente dinero o bienes. Trafican con algo más poderoso: el miedo.
Es esta una emoción que, fuera de control, puede ocasionar graves daños en todos los órdenes de la vida, incluido el internacional. Por miedo se cierran las fronteras, los mercados se retraen, se ocultan o extienden informaciones, los flujos de turismo se frenan y hasta se declaran guerras. Buena parte del comportamiento del ser humano tiene su origen en sus emociones y en sus percepciones.
Recientemente, la expansión de una mutación del virus de la gripe ha causado una alarma mundial, y la palabra pandemia ha corrido de boca en boca, transmitiendo el miedo a más velocidad de la que se extendía la llamada gripe A. Y ello se ha producido sin entrar en determinadas consideraciones.

¿Qué es una pandemia? Este término alude a una enfermedad que se extiende por una amplia área geográfica y afecta a un alto número de población. Pero, de salida, no significa un elevado índice de mortalidad, ni extrema gravedad de las consecuencias de la enfermedad. Y ahí nuestra mente juega el papel de rellenar los espacios en blanco, de acuerdo con lo que nosotros creemos y esperamos que sea una pandemia.

El principal problema es que la mayoría de la gente no tiene conocimientos científicos suficientes. Y ahí el pánico tiene una gran baza a su favor: nuestra ignorancia y el miedo a lo que no conocemos. No entendemos una palabra de la jerga técnica y médica con la que los expertos ¿comunican? los extremos de la enfermedad. Pero sí sabemos que algo desconocido, gracias a la red de transportes global, se extiende de forma incontenible. Sin embargo, lo que parece que no llega a la opinión pública es la baja mortalidad que la actual cepa de gripe ha causado. Solo en México ha tenido cierta incidencia, pero sin superar el centenar de muertes. Más allá de las fronteras de este país, únicamente ha habido 11 muertos: 9 en Estados Unidos, uno en Canadá y otro en Costa Rica.

Esta pandemia de gripe A, ¿realmente es tan grave? Vayamos por partes. El virus de la gripe está presente en tres especies: humanos, cerdos y aves. Cuando se recombina entre especies, los sistemas de alerta del sistema inmunitario humano se ralentizan y su eficacia disminuye, lo que hace que el virus se infiltre sin levantar sospechas y comience inexorablemente a expandirse. Debido a la enorme red de transportes de la que gozamos, el virus llega a multitud de destinos antes de ser identificado. Y, de repente, emerge, coincidiendo, en este caso, con una serie de muertes en México, lo que no significa, primero, que todas se deban a la gripe nueva y, segundo, que este país sea el origen de la enfermedad. Y es que bien pudo proceder, por ejemplo, de un área rural densamente poblada de otro continente, en la cual sus habitantes conviven, sin protocolos de higiene, con las otras dos especies que albergan el virus de la gripe.

En cualquier caso, cuando la enfermedad surge, está más allá de la posibilidad de contenerse, y la suerte de expectativas que establecemos evita que hagamos un análisis racional sobre su verdadero impacto. Y el pánico, que no entiende de pasaportes, cruza todas las fronteras, gracias a la percepción global de que estamos ante una catástrofe sanitaria. Incluso, cuando el Ministerio de Salud mexicano informaba del control y la extinción de la enfermedad, buena parte de la opinión pública ya pensaba en qué pasará cuando el virus resurja en el futuro.

Al respecto de las pandemias, hay que señalar que el problema no es su detección, pues tarde o temprano esta se produce. El problema es cómo se reacciona ante las pandemias. Cabe señalar dos riesgos. El primero sería reaccionar de forma excesiva, algo que, de producirse en repetidas ocasiones, podría llevar a una quiebra del sistema sanitario global, a la vista de los ingentes medios y recursos que han de activarse ante cada (supuesta) emergencia. Frente a esto, el segundo peligro sería no reaccionar lo suficientemente rápido, lo que nos lleva a hacer unas consideraciones logísticas referentes a la producción y la distribución de los medicamentos necesarios para proteger a la población. Seamos realistas: si estuviéramos ante una seria amenaza, comprobaríamos que nuestros recursos y capacidades, aunque importantes, son limitados.

Sin embargo, es fundamental añadir que no será una pandemia de gripe lo que amenace a la sociedad global, pues, incluso en su peor variante, la llamada gripe española, en 1918, no tuvo lugar un hundimiento del sistema internacional. El principal peligro llegará cuando un virus combine la facilidad de transmisión de la gripe con el alto índice de mortalidad y la falta de tratamiento que, por ejemplo, exhibió en su día el virus del sida.
En cualquiera de los casos, sus efectos siempre serán mucho peores para el orden y el funcionamiento de la sociedad internacional si las pandemias llevan como compañero al miedo, ese veloz Sleepy Hollow. Y, si algo nos enseña el cuento de Washington Irving es que quien cabalga con soldados de caballería del otro mundo acaba muy mal.

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense

Lo positivo de la crisis económica

Hugo Víctor Ramírez Villarroel

Es cierto, nos encontramos en medio de una descontrolada recesión global, pero no se debe exagerar; al menos ése es el pensamiento de algunos investigadores que mediante un estudio intentan predecir el futuro que podría presentarse luego de pasada esta crisis económica. Lo interesante es que no se menciona que necesariamente se debe empezar desde cero.

La idea central es innovar y redirigir el sistema económico hacia la transformación de los mercados y la reestructuración de la globalización. ¿Pero cómo? Los científicos especializados en el estudio de los procesos de cambio de las sociedades (cambios tecnológicos, económicos, etc.) han analizado la evolución de esta crisis económica y concluyen que su presencia nos ayudará a redefinir nuestra economía en el futuro.

Entre las sugerencias más importantes está la reestructuración de la globalización, en otras palabras, se habla de crear una nueva versión. En el viejo modelo, la globalización de los mercados se caracterizaba por la producción de diversos productos en “terceros países” a precios bajísimos, proceso que funcionaba muy bien, ya que los productos fabricados allí eran vendidos a precios muchos más caros en las tiendas occidentales; lo que significa(ba) una ganancia mucho mayor para unos y cuantiosas pérdidas para otros. Hoy, los países que sirven como bases de producción para la “globalización a gran escala” de las naciones grandes tienen mucho más poder y su industria, así como producción, ya no es tan barata como antes.

Este tipo de globalización ya no traerá beneficios a futuro; lo ideal —según los expertos— es prestar más importancia a la innovación y creatividad de los mercados, así se generaría otro tipo de globalización; caso contrario, se correría el riesgo de perder el poder occidental frente a los países “pequeños”. También se menciona el aprovechamiento de la “globalización verde”, considerada el futuro de la economía para occidente. Siendo que en muchos otros países en desarrollo aún no se piensa en este aspecto, que trae consigo el crecimiento económico mundial, la idea de conservar el medio ambiente generará más actividad económica y abrirá nuevos modelos de comercio.

Ahora, siendo que la economía global se halla adormecida, se necesitan verdaderas innovaciones y no simples variaciones de productos. Así, otra de las conclusiones es que las empresas ya no tienen que orientar su producción hacia “supuestas” necesidades de sus clientes o consumidores; por lo tanto, se deberá producir según las exigencias del consumidor o el cliente.

La era de lo barato y lo lujoso tiene un fin programado desde que el consumidor se convirtió en persona más consciente de sus necesidades (que hoy se orientan por su economía y el medio ambiente). En la misma línea, se prevé un retorno a la economía regional para ahorrar costos, aunque se sugiere mantener un contacto externo con la economía mundial. La novedad de la investigación es que siendo la crisis “masculina”, se predice que la mujer tomará las riendas de la economía, ya que ahora se necesita de las cualidades de las féminas (como intuición en los negocios e inteligencia emocional, por ejemplo) para reorganizar y cambiar el modelo económico que en manos de los hombres ya no tiene porvenir por haber fracasado rotundamente. En este nuevo modelo se deberá innovar bastante y seguir el ritmo de una globalización más consciente de sí misma y abierta a nuevas posibilidades de crecimiento más responsables. Aún existen posibilidades de crear un futuro promisorio para el mundo, incluso luego de esta singular y feroz crisis económica.

* Lingüista e investigador social

La Unión Europea frente a la crisis de la globalización

Frederic Lordon.

La sacudida que la crisis financiera desató sobre las bases de la Unión Europea y el fortalecimiento de la derecha tras las elecciones legislativas de principios de junio pasado, reabre el debate acerca de la necesidad de refundar el proyecto europeo sobre nuevos cimientos que permitan sortear los efectos negativos de la globalización económica.

Los partidarios de la globalización económica, que a nada temen más que a la política, entendieron perfectamente que apelar al gobierno mundial era el medio más seguro para obtener la paz (léase: ningún gobierno en absoluto). El mismo argumento –aunque un poco menos contundente– resuena en la pluma de economistas súbitamente indignados por los “excesos” del liberalismo y que ahora sólo creen en la coordinación global. ¡Sí! Coordinémonos a escala planetaria; por supuesto, el asunto llevará algo de tiempo… Así, la evocación de los grandes horizontes mundiales sirve invariablemente como evasiva para todas las hipocresías de la acción indefinidamente diferida y para todas las estrategias del eterno arrepentimiento.

Perseguir el sueño de la globalización política que finalmente completaría y estabilizaría la globalización económica –en particular, dándole sus “buenas” instituciones reguladoras– implica no ver las condiciones de su edificación y de su “eficacia”, no en el sentido de la eficacia económica sino en el sentido de la capacidad política de esas instituciones para imponer realmente sus normas. No es anodino observar que históricamente los capitalismos se desarrollaron dentro de los marcos nacionales. No podía ser de otro modo, por la simple razón de que no puede haber un proceso de institucionalización significativo si no viene acompañado de una fuerza adecuada, es decir adosada a una auténtica comunidad política constituida. Pero, ¿dónde está el Estado mundial que podría reivindicar una fuerza semejante? En ningún lado, por la simple razón de que no existe una auténtica comunidad política mundial, es decir un cuerpo social-mundo depositario, en último análisis, de la fuerza que los Estados se apropian por captura.

Si la institucionalización reguladora del capitalismo implica hacer que se junten el nivel económico de los mercados y el político de las construcciones institucionales, entonces se trata de hacer “bajar” el primero, pero sin que por ello esté prohibido hacer “subir” el segundo. Desde este punto de vista, el escalón regional se impone con fuerza como el nuevo plan territorial donde podrían intensificarse experiencias políticas que ya están en curso, aunque aún poco desarrolladas.

Paradójicamente, Europa es la región del mundo que mejor y peor comenzó. Que es la más avanzada en el proceso de integración institucional está fuera de discusión. Pero, como a menudo ocurre con las crisis, la sacudida actual goza de despiadadas propiedades reveladoras, en el sentido cuasi fotográfico del término, y se presta a sacar a la luz las taras de la construcción europea. Desde hace tiempo –de hecho, desde el principio–, dichas taras son muy visibles… para quien quiera verlas (1). Son fallas que siempre lograron ser recubiertas con las negaciones habituales, que fueron posibles por la “baja” intensidad de destrucciones sociales convertidas en una especie de “régimen permanente” y, por así decir, fundidas en el ordinario paisaje cotidiano. Pero la singularidad y la violencia del pico de la crisis vuelven irrisorias las estrategias habituales de la minimización, de los “esfuerzos” necesarios y del llamado a la paciencia “que tendrá su recompensa”. Se presenta una oportunidad política que la historia rara vez ofrece. Pues he aquí que lo que en frío era inconcebible, en caliente se hace posible: destruir esta Europa. Y hacer otra.

El pisoteo de los dogmas

¿En serio habrá que destruirla? En muchos sentidos, podría considerarse que ya está muerta, simplemente todavía no lo sabe. No obstante parecería que su encarnación, la Comisión, hace todo lo que está en su poder para apresurar esa revelación terminal. En una especie de apoteosis de estupidez doctrinaria, y con un insuperable sentido de la oportunidad histórica, Neelie Kroes, la comisaria que controla las reglas de la competencia, no dudó en intervenir, en el otoño boreal de 2008, en el gran debate sobre la crisis financiera para decir que las inyecciones de un total de 10.500 millones de euros que el Estado francés había establecido para recapitalizar seis bancos (BNP Paribas, Crédit Agricole, Banques Populaires, Crédit Mutuel, Société Générale, Dexia) eran ilegales según las santas leyes de la competencia libre y no falseada (2).

Hay que concederle que, en los papeles y desde un punto de vista absolutamente formal, no está del todo equivocada. En efecto, en el adorable Tratado de Lisboa hay un artículo, el 107, que prohíbe las ayudas del Estado. En verdad, el artículo en cuestión no es el único que dio cuenta de los últimos ultrajes de esta época del sálvese quien pueda-todo se derrumba. El hecho es que las imperiosas necesidades al borde del abismo no dejaron a los gobiernos europeos más alternativa que pisotear los dogmas. Así pues, más valía no extenderse demasiado sobre esas irregularidades, a la espera de que, cuando lo peor de la crisis hubiera pasado, y con la ayuda de algunos efectos de amnesia, todo volviera al orden de la legalidad europea que había sido suspendido por un instante.

Sin embargo, habrá que evitar ser demasiado cuidadoso, pues desde el punto de vista de sus disposiciones económicas más fundamentales, el Tratado quedó en un estado equiparable al de una cancha municipal un domingo lluvioso de rugby. El artículo 123, que prohíbe al Banco Central Europeo prestar a “las administraciones centrales, a los autoridades regionales o locales, a otras autoridades públicas de los Estados miembros”, no le impidió abrir un crédito de 5.000 millones de euros a un gobierno, en este caso el húngaro, ¡que ni siquiera es miembro de la zona euro!

También están los artículos 101 y 102, retorno a la competencia, que, al prohibir la constitución de posiciones dominantes y funcionar generalmente como disuasión en las operaciones de concentración, no representaron visiblemente el menor obstáculo a los movimientos de reestructuración bancaria, que por otra parte fueron alentados por los Estados que no vieron en ellos más que la oportunidad de ahorrar un poco en recursos públicos, organizando el traspaso de los bancos más frágiles a aquellos que no lo son tanto. En la agitada recompra de Fortis por parte de BNP Paribas, de Halifax-Bank of Scotland (HBOS) por Lloyds-TSB, de Landesbank Baden-Würtemberg (LBBW) por el banco regional de Baviera, de Dresdner por Commerzbank, la “consolidación” del sector conoció una aceleración prodigiosa al saltearse visiblemente cualquier aprobación europea, en un marco en el que sin duda, en condiciones normales, cada uno de estos expedientes hubiera sido examinado minuciosamente y, en algunos casos (la posibilidad existe), quizá bochados.

Una entrada en escena notable

En un momento fue demasiado. Kroes no tiene problemas en callarse cuando los bancos juegan al Monopoly bajo su ventana, pero tampoco se le puede pedir que reniegue indefinidamente; si no, ¿qué sentido tendría, y para qué, una comisaria de competencia? Nótese la ocasión elegida para estallar: el artículo 107, las ayudas estatales. Porque en la jerarquía de las abominaciones, siempre es el Estado el que aparece primero. Se pisotean los artículos anticoncentración; sin duda está muy mal, pero, a título excepcional, Kroes puede hacerse a la idea, ya que se trata de la idea del capital: el sector privado sabe lo que hace, aun si de vez en cuando haya que retarlo un poquito.

¡Pero el Estado! Era lógico que, de todas las violaciones del Tratado europeo, fueran las ayudas del Estado las que colmaran la paciencia de la comisaria… y la llevaran a su primera rebelión. Lamentablemente, el mundo es malo y los Estados miembro son unos ingratos. Y la protesta generalizada no se hizo esperar. Países no precisamente conocidos por tomarse a broma la construcción europea –Alemania, Suecia, Bélgica– le hicieron saber a Kroes que más le valdría mandarse mudar.

Pero, como para dar crédito a esa idea de una vocación por lo peor, hete aquí que Joaquín Almunia, comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, hizo su dramática entrada en escena para recordar que, luego del artículo 126 y del pacto de estabilidad reunidos, los déficits públicos deben permanecer por debajo de la barrera del 3%. Todo, en medio de la recesión del siglo. Se buscan metáforas convincentes que ayuden a hacerse una idea del grado de delirio en que cae la Comisión en este período: ¿una ambulancia detenida por la policía porque acaba de pasar un semáforo en rojo mientras se dirige a la escena de un choque en cadena? ¿Un avión sin combustible impedido de aterrizar porque transporta un yogur vencido?

Por supuesto, siempre se puede contar con los incondicionales para repetir la cantinela, fieles a la etiqueta “La voz del amo”: los déficits se profundizan, las deudas públicas se acumulan. ¿Creen que son los únicos que se dan cuenta? Que la movilización de sumas astronómicas por los presupuestos gubernamentales esté en condiciones de preparar una crisis gratinada con las finanzas públicas le preocupa a todo el mundo. Pero preferir una crisis posible más adelante a una muerte segura ahora mismo parece, normalmente, de una racionalidad elemental. Ganar tiempo: ése es sin duda el último margen de maniobra que le queda a Estados Unidos para tratar de encauzar el desastre. Y eso no es poco: a veces, ganar tiempo ¡salva! Durante ese tiempo, Estados Unidos, que evidentemente sabe mucho mejor que los europeos qué quiere decir “al borde del abismo”, prepara un stimulus package del 13% del Producto Bruto Interno (PBI). Busque usted el error…

Hay que reconocer, como descargo para los pobres comisarios, que esta situación deja a la construcción europea en un gran desequilibrio jurídico. Artículos 101, 102, 107, 123, 126… empieza a ser mucho. Ahora, si las ideologías de esta Europa hacen lo que quieren con la coherencia intelectual, no es el caso de los juristas, que, por su parte, tienen algo que ver con la coherencia del derecho. Quede dicho de entrada lo que puede pasar con el derecho europeo cuando las necesidades vitales que se llevan todo conduzcan a violarlo alegremente. Digamos enseguida que la idea de un “derecho por intermitencia” no es de esas ideas que provoca la adhesión fervorosa de los juristas…

Cuando la crisis sea absorbida en algunos años y los negocios retomen su curso, ¿qué argumentos usarán la Comisión, y sobre todo el Triunal de Justicia de las Comunidades Europeas, contra los desgraciados candidatos que pidan la fusión bancaria en frío, cuando estos últimos traigan a colación los antecedentes de Fortis-BNO Paribas o de HBOS-Lloyds TSB? Ahí está la debilidad de las construcciones institucionales muy fuertemente “juridicizadas”, como la Unión Europea: tienen muy poca flexibilidad y todo intento de dar un paso por fuera de la senda peatonal, aunque sea en la urgencia de una situación de crisis, crea potencialmente un problema jurídico. Podría objetarse que el derecho rectifica el derecho, y que en los hechos las nuevas líneas directrices operan la adaptación de las antiguas. No obstante, habrá que someter a la opinión de juristas muy calificados la validez, no de la aparición de nuevas líneas directrices, sino de líneas directrices temporarias y reversibles, es decir ad hoc.

Pero en el fondo, ¿qué puede decirse de artículos que han sido tan mal pensados, y deben ser repudiados en la primera crisis seria, si no que es necesario reescribirlos de cabo a rabo (y de hecho, a muchos otros también) y que el período presente ofrece una oportunidad formidable para hacerlo? El gobierno francés, si tuviera dos gramos de sentido histórico, aprovecharía la inigualable ocasión para abrir una crisis política positiva, tan brutal como necesaria, pero tolerable e incluso deseable, justamente porque ofrece la posibilidad de hacer en caliente lo que durante tanto tiempo pareció imposible hacer en frío –incluso con algunos resonantes “no” en todos los referendos–, es decir, relanzar finalmente la construcción europea sobre nuevas bases.

Que un gobierno francés de derecha sea de pronto el posible protagonista de esta prueba de fuerza sumaría al encanto del período. La presencia de Nicolas Sarkozy a la cabeza del Estado incita claramente a morigerar las anticipaciones, conociendo la desproporción entre sus declaraciones y sus pasajes al acto. Ahí está el drama político: si pudiera haber la menor esperanza, se iría por ese lado. Pues no hay que hacerse ninguna ilusión sobre la capacidad de los socialdemócratas para hacer emerger una polémica de este tipo. Ellos se lanzarían a impedir semejante infamia con su propio cuerpo como barrera, dado que está irreversiblemente grabado en sus mentes que responsabilizar a esta Europa es responsabilizar a la única Europa.

En su forma actual, la Unión hace lo posible por asquear todo lo que pueda, a veces incluso (pero en el silencio de sus almas atormentadas) a sus defensores más sinceros. Si quisiera precipitar ataques de encierros nacionales no podría proceder de otro modo. Si de verdad ése es el producto, cada día más probable, de la delirante aventura, casi cabe preguntarse si, para la propia idea europea, no habría que desear que un buen día los plebeyos –quiero decir los “ciudadanos europeos”– se dirigieran a decirles unas cuantas cosas, en directo, a los grandes enfermos que hicieron que esta Europa fuera irreparable.

1 Véase François Denord y Antoine Schwartz, “Una muralla para contener al socialismo”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, junio de 2009.

2 Se trataba, por entonces, de la primera etapa de un plan de “recapitalización” de un presupuesto global de 21.000 millones de euros. Ver, por ejemplo, “Brussels blocks French bank bail-out”, The Financial Times, Londres, 28-11-08.

F.L.es economista, autor de La crise de trop. Reconstruction d’un monde failli, Fayard, París, 2009, del que se ha extraído este artículo.

Traducción: Mariana Saúl

Cómo acabar (de una vez por todas) con la pobreza

Paul Collier, autor de El club de la miseria

Qué pueden hacer los ciudadanos de los países ricos para ayudar a erradicar la pobreza? Paul Collier ha escrito un libro para responder a esta pregunta, y lo hace con ánimo didáctico, pragmático y provocador al mismo tiempo. El autor de El club de la miseria compara el desafío de eliminar el problema con la reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial. Es, por lo tanto, una tarea difícil, pero no imposible. Para este catedrático de Economía de Oxford, la ayuda económica directa es sólo parte de la solución; los intercambios comerciales, la seguridad y el buen gobierno son, en su opinión, instrumentos mucho más eficaces. La opinión pública de los países ricos, sostiene Collier, debe presionar a sus gobernantes para que se comprometan de verdad con el objetivo. “Cuando los ciudadanos aporten masa crítica, los políticos prestarán atención”, afirma.

El club de la miseria es un esfuerzo por construir esa masa crítica, un llamamiento a la acción no sólo de los gobiernos, sino del ciudadano de a pie. Con un lenguaje sencillo y directo, Collier explica cómo es posible que tanta gente siga siendo tan pobre a pesar de un crecimiento económico sin precedentes como el vivido en las últimas décadas y de las enormes cantidades de ayuda que reciben los países más necesitados.

La pobreza, sostiene el economista británico, disminuye a gran velocidad en buena parte del mundo. El 80% de la población ha conseguido dejarla atrás o está en camino, pero hay todavía mil millones de personas que viven atrapadas en un agujero negro del que no logran salir (el título original en inglés del libro es The bottom billion). “No es que muchos de estos países se estén quedando descolgados”, escribe Collier, “es que están yéndose a pique”. La mayoría de ellos son africanos, pero también quedan restos de pobreza extrema en lugares como Bolivia, Camboya, Corea del Norte, Haití, Laos, Mianmar, Timor Este y Yemen.

“La gran diferencia entre los pobres de África y los pobres de China o India es que en estos dos países los padres tienen la esperanza fundada de que sus hijos crezcan en una sociedad transformada, próspera e integrada en el mundo”, subraya el autor, que visitó recientemente España para dar sendas conferencias en los CaixaForum de Madrid y Barcelona. Collier recuerda que en Europa sólo hace falta retroceder dos generaciones para encontrar una situación similar. “Mis padres y mis abuelos eran pobres, pero tenían la esperanza de que la siguiente generación creciera en una situación distinta, como así ha sido”, dice este hijo de carnicero de Sheffield (Inglaterra).

A diferencia de la mayoría de los países en desarrollo, Collier sostiene que los llamados Estados fallidos son víctimas de cuatro trampas que les impiden ver la luz al final del túnel: las guerras civiles, la falta de salida al mar, el mal gobierno y la excesiva dependencia de la extracción de recursos naturales. “Son problemas que pueden arreglarse una vez que tengamos el diagnóstico correcto y pensemos en qué instrumentos utilizamos para arreglarlos, en lugar de hacer gestos teatrales que lo único que muestran es lo mucho que nos importa el problema, pero no lo efectivos que podemos ser”, dice Collier. “Esa política de gestos es la que practican los políticos que viajan a África, se hacen la foto besando a un niño y reparten grandes cantidades de ayuda a la hora de volver”.

Una analogía que Collier maneja con frecuencia es el empeño estadounidense por reconstruir Europa tras la II Guerra Mundial. Al terminar la contienda, explica el profesor, la amenaza del expansionismo soviético no dejó a Estados Unidos más remedio que implicarse en el Viejo Continente. Para facilitar los intercambios comerciales y estimular el crecimiento económico europeo, Washington puso fin a su política proteccionista anterior a la guerra con la puesta en marcha del Plan Marshall y la creación del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), precursor de la actual Organización Mundial del Comercio (OMC). Además, dejó de ser un país políticamente aislado al impulsar el nacimiento de instituciones como la ONU, la OCDE, el FMI…

Lo que necesitan ya los mil millones de abajo, afirma Collier, es un plan de rescate que cuente con el apoyo firme del G-8, el club de los países más ricos del mundo más Rusia. Los países más pobres requieren un trato preferente a sus exportaciones, leyes contra la corrupción y normas internacionales que faciliten su integración en la economía mundial. El autor de El club de la miseria cree que hay razones para ser optimistas. “España ha tardado más de medio siglo en pasar de la pobreza a la prosperidad”, afirma. “¿Por qué no puede hacer lo mismo gente que vive justo al otro lado del mar?”.

Collier, de 58 años, ha dedicado buena parte de su vida a luchar contra la pobreza. Entre 1998 y 2003 trabajó en el Banco Mundial a las órdenes de su amigo Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001. Director del Centro para el Estudio de las Economías Africanas de la Universidad de Oxford, no toma partido ni por los defensores de la globalización ni por sus detractores. Recela de las actitudes tradicionales de la derecha y la izquierda occidentales y considera esencial formar una amplia alianza para lograr un cambio real y sostenido de la política occidental hacia los países más pobres. “La izquierda tendrá que darse cuenta de que los métodos que tradicionalmente ha rechazado, como la intervención militar, el comercio y la estimulación del crecimiento, son herramientas fundamentales para alcanzar los objetivos que siempre ha perseguido”, señala. “La derecha deberá entender que el problema de los países más míseros no se corrige sólo con el crecimiento global, como pasa con la pobreza en términos globales, y que si este problema se desatiende ahora, nuestros hijos vivirán en un mundo de seguridad infernal”.

En opinión de Collier, los países más pobres deben reducir su dependencia de la ayuda internacional y ser ellos mismos los que emprendan, desde dentro, los cambios. “Necesitan muchas reformas económicas y gobiernos mucho mejores”, dice. “Tienen que gastar el dinero de manera honrada y eficiente, sobre todo eficiente”. En todos esos países, señala Collier, hay gente honrada que intenta propiciar esos cambios, pero casi siempre salen perdiendo. Pone el ejemplo de Zimbabue, donde el presidente, Robert Mugabe, se aferra al poder con uñas y dientes. “En Zimbabue hay gente valiente luchando contra una banda de ladrones, pero los ladrones casi siempre ganan, porque tienen el dinero. Nuestra misión es ayudar a cambiar la situación. Tenemos mucho poder y podemos hacerlo”.

Occidente, dice Collier, debe afrontar el problema de la pobreza mundial con una mezcla de compasión e interés propio. “La compasión nos da la energía para arrancar, mientras que el interés propio ayuda a sostener durante un buen tiempo las medidas que hacen falta”. El autor de El club de la miseria opina que a Occidente no le interesa un mundo con mil millones de marginados. “El mundo será un lugar mucho más peligroso si no logramos integrarlos”, sostiene. “Así surgen países como Somalia”.

Collier cita Botsuana como ejemplo de éxito: “Ha tenido buen gobierno y buen liderazgo. Ha sabido utilizar bien el dinero de los diamantes y ha experimentado el crecimiento más rápido del mundo en renta per cápita en las últimas décadas”.

Una de las ideas más provocadoras del libro es la de intervenir militarmente en los países atrapados en la miseria. Su autor pone como ejemplo la intervención del Reino Unido en Sierra Leona, que puso fin a una cruenta guerra civil. Collier es consciente de que, tras la triste experiencia de Irak, no va a ser fácil conseguir el apoyo de la opinión pública para una medida como ésta. Recomienda intervenciones militares puntuales en pequeños países dominados por gobernantes corruptos. En muchas ocasiones, asegura, son bien recibidas por la población y a veces marcan la diferencia entre la guerra y la paz, entre la pobreza y la prosperidad. -

 

Actual crisis financiera demuestra que globalización es real: FMI y BM

Se celebra la primera jornada de la Conferencia de Montreal

Indican que se golpeó a países emergentes que tenían las políticas correctas, como México, Polonia y Colombia

El Financiero en línea

Montreal, 8 de junio .- La actual crisis financiera y económica demuestra que “la globalización es real” y afecta a todos los países, aunque de manera diferente, coincidieron los directivos del FMI y el Banco Mundial en la 15 Conferencia de Montreal.

En la primera jornada de la conferencia celebrada en Montreal, el presidente del Banco Mundial (BM), Robert Zoellick y Dominique Strauss-Kahn del Fondo Monetario Internacional (FMI) afirmaron que esta es la primera crisis de las finanzas y la economía real a nivel global.

“No teníamos experiencia de crisis en economías avanzadas”, dijo Strauss Kahn en la primera plenaria de la conferencia y pronosticó que en el cuarto trimestre del 2009 la recesión económica “tocará fondo” y que si “se adoptan las políticas correctas” de “limpiar el sistema financiero”, en 2010 se verán los primeros signos de crecimiento.

En la conferencia no hubo pesimismo y el optimismo “vino en envases pequeños”, dijo un funcionario canadiense respecto a las intervenciones de la primera jornada cuya reunión concluirá el jueves.

Para Strauss-Kahn esta crisis financiera golpeó a países emergentes que tenían las políticas correctas, como México, Polonia y Colombia, y en otros países -como en Europa Central- creó un serio problema financiero que no ha sido resuelto.

Sobre la solución a la crisis financiera, Strauss-Kahn dijo que “la experiencia que el FMI tiene de las crisis bancarias es que hasta que esas crisis no sean resueltas no retornará el crecimiento”.

Destacó que la solución a aportar “depende del país, y dentro de un país dependerá de las instituciones”.

En otros países, agregó, se creó el sistema de “buen banco” y “mal banco”, y los alemanes están en tren de discutir eso, agregando que “hay muchas técnicas posibles y que el FMI es totalmente agnóstico en materia de técnicas”.

El funcionario del FMI dijo que el ralentizamiento económico ha aumentado la suma de activos “de mala calidad y nuevas pérdidas han sido registradas, y es absolutamente necesario que eso sea claramente establecido para que la confianza pueda retornar”.

En su previsión Strauss-Kahn dijo a la conferencia de Montreal que uno de los aspectos positivos de esta crisis fue “la formidable cooperación” entre países y bancos centrales en inyectar liquidez.

Apuntó que “nunca en el pasado hubo tantas naciones siguiendo la misma política” de estímulos, lo cual no permitió evitar la crisis de la globalización pero si “sus consecuencias más dramáticas”.

Robert Zoellick destacó los aspectos de esta crisis y alertó que se están agotando los fondos para prestar a los países pobres.

Zoellick comentó que hay que tomar con pinzas la euforia actual, el “alivio que sienten los mercados financieros”, y exhortó a preguntarse “de dónde vendrá la demanda” para hacer posible la recuperación de la economía.

Enfatizó que por ello “la situación sigue siendo frágil, y aún con riesgos de una recaída” porque no estarán presentes los consumidores estadunidenses que llevaron sobre sus espaldas el finalizado ciclo de crecimiento.

Para el director del FMI esta crisis comenzó en los países desarrollados, pero afectó a los países emergentes en sus cuentas corrientes y de capital -provocando déficits presupuestarios y salida de capitales-, y también a los países pobres.

Los países pobres, según el funcionario del FMI, no han sido tocados directamente por la crisis financiera porque sus sistemas de finanzas están poco conectados al sistema global, pero son víctimas de la crisis económica.

Esta crisis limita las exportaciones de los países pobres, dijeron Strauss-Kahn y Zoellick, además de que son afectados por la baja de precios de las materias primas que exportan.

Ambos enfatizaron la baja en las remesas, un capítulo importante en las finanzas de países pobres y emergentes, y en la ayuda exterior porque �dijo Strauss Kahn- “entre las primeras cosas que se hace en los países ricos cuando hay crisis es cortar la ayuda externa”.

Dijo que él se rebelaba como también lo hizo Robert Zoellick del BM, contra este corte de la ayuda externa, y agregó que “desgraciadamente esta es una práctica bastante corriente”.

El mensaje del FMI y del BM es que es importante mantener los flujos de ayuda a los países pobres y respetar los compromisos que el G-7 adoptó en 2006, aunque “hay riesgo de que esos compromisos no sean mantenidos”.

En la Cumbre del G-20 celebrada en Londres, en abril, se pidió al FMI que destinara seis mil millones de dólares en ayuda suplementaria a tasas muy bajas para los países pobres. (Con información de Notimex/JOT)

¿Llegó a su fin la época dorada de la globalización?

¿Llegó a su fin la época dorada de la globalización?
Antes de que se derrumbara la industria de la vivienda y explotara el sistema financiero ya se analizaban algunos aspectos de la economía mundial
El número más reciente de la revista Foreign Affairs Latinoamérica, aborda este tema en dos artículos. El primero se llama “Después del crac. Como ayudar a la economía estadounidense a corregirse”, cuyo autor es James Grant, y el segundo se intitula “El lastre del transporte “El auge y declive de la globalización”, escrito por Marc Levinson.

Estos son tan sólo dos de los primeros trabajos que desde el campo académico se vendrán en cascada.

Ya había algunos pronósticos, como el de Naomí Klein, en su más reciente obra “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre”, que hablaban de una inevitable crisis del modelo neoliberal. Sin embargo, los dos que aquí se nombran son de los primeros en publicarse después del estallido de la crisis. El segundo de ellos es el que abunda en el análisis. Pero, lo más interesante, es que fue escrito antes de la debacle económica; ni siquiera la comenta.

Antes de que se derrumbara la industria de la vivienda y explotara el sistema financiero ya se analizaban algunos aspectos de la economía mundial, y más particularmente de la norteamericana, que anticipaban el terremoto y el inicio de una urgente y seria reflexión sobre el futuro de la globalización y el modelo económico sobre la cual se montaba aquella.

Dice Levinson que una encuesta realizada en 2007, un años antes del inició de la recesión, el Pew Research Center halló que el 59 por ciento de los ciudadanos encuestados consideraba que el comercio global era bueno para Estados Unidos. En 2002, el 78 por ciento lo habían considerado así. Es decir, conforme aumentó el comercio global fue disminuyendo su aceptación.

Para Levinson dos factores están provocando el retroceso de la globalización: “el aumento de los costos de transporte y la disminución de la confiabilidad. Ambos están ocasionando que las cadenas de suministro de larga distancia pierdan atractivo”. (p.107).

Este autor nos dice que lo que llamamos globalización, en el comercio habrá que acotar, se hizo posible debido a la disminución de los costos de transportación de mercancías. La fecha en que eso empezó fue en 1966 con la utilización de los contenedores en las rutas internacionales de transporte. Este simple dispositivo tecnológico potenció las condiciones para incrementar extraordinariamente el traslado de mercancías.

Aproximadamente 13 años después, la aplicación de políticas desregulatorias en el transporte de mercancías, y de personas habrá que decir, puso fin a un procedimiento lento y burocrático que elevaba el costo de las mercancías.

A lo anterior se sumó la disminución de las tarifas aéreas ya que, en gran medida, gracias al crecimiento mundial de los servicios de paquetería menuda y ligera se hizo factible que, por ejemplo, el ensamblado de computadoras se hiciera en diferentes partes del mundo y en pocos días se trasladara y vendiera en territorio estadounidense.

“Un transporte más barato”, escribe Levinson, “combinado con tarifas más bajas y avances tecnológicos convirtió a los países con salarios bajos en talleres que servían a los ricos mercados de Europa, Japón y América del Norte” (p.108).

Ese proceso que ha durado aproximadamente cuarenta años está llegando a su fin: el transporte de carga internacional está elevando considerablemente sus costos y eso está llevando, sostiene al autor, a que haya cada vez más empresas a que reconsideren qué tan conveniente es producir a distancias tan lejanas de sus principales centros de consumo.

La saturación de las vías comunicación, de los puertos y aeropuertos, el aumento de los energéticos y la seguridad, así como de los costos de protección del medio ambiente, son algunos de los factores que están limitando el comercio internacional entre Estados Unidos y gran parte del mundo. Particularmente, después del 11 de septiembre de 2001, las exigencias de seguridad en puertos, aeropuertos y fronteras han aumentado mucho los costos de transportación.

Por otra parte, dice Levinson, “hay un factor disuasivo adicional para el comercio de larga distancia en el horizonte: la protección ambiental” (p.113).

En resumen:

“Un transporte más lento, más costoso y menos confiable no podrá fin al crecimiento del comercio internacional. Pero en los márgenes, ahí donde se toman las decisiones de negocio, cambiarán las estrategias de los fabricantes y minoristas. A medida que el transporte absorba una proporción mayor del costo total de los productos importados, las cadenas de suministros se acortarán y a producción se trasladará a lugares más cercanos.

“Es probable que las tiendas de descuento locales vuelvan a vender productos estadounidenses. En retrospectiva, es probable que la globalización no aparezca como una tendencia inexorable, sino como una etapa temporal del desarrollo económico.

“Cuando los precios de los zapatos deportivos importados y de los ventiladores de techo comiencen a subir en respuesta al mayor costo del transporte, probablemente los consumidores desearán que la era dorada de la globalización hubiese durado un poco más” (p.114).

Como podemos darnos cuenta este análisis no tiene ni el menor ribete ideológico. Es un examen estrictamente técnico del comercio internacional entre Estados Unidos y el resto del mundo, que muestra el creciente costo para mantener su viabilidad.

La globalización no emergió como una propuesta ideológica para el desarrollo de la economía capitalista sino como una búsqueda de vías para su reproducción; sin embargo, muchos académicos, líderes políticos, empresarios y ciudadanos en general la convirtieron en una ideología, cuando concluyeron que era un proceso “natural” sin límite e irreversible. Aun antes de la crisis actual, el agotamiento de la globalización comercial ya lo analizaban economistas como Levinson y varios más.

México en este contexto se ve obligado a revisar varias cosas; no obstante, de inmediato pareciera que puede salir beneficiado de la reestructuración que se está generando y que se profundizará con la actual crisis económica . Tal y como lo advierte este autor, las zonas cercanas al coloso del norte podrían recibir las inversiones manufactureras que habían sido trasladadas a países muy lejanos al Continente Americano. Pero, a la vez, los costos ambientales también serían llevados a territorios como el mexicano, donde el Estado protege muy débilmente esos aspectos.

Es probable que cuando Estados Unidos empiece a recuperarse se percibirá más claramente la tendencia recibir más inversiones en la industria maquiladora que regresarán de Asia. Y también es posible que continúe con gran vigor la construcción de viviendas para el retiro masivo de los jubilados de Estados Unidos porque las restricciones que se imponen a megaproyectos habitacionales en ese país y en Canadá son unas de las razones por las cuales se trasladan a México, donde hay un débil cumplimiento de las normas ambientales y de las restricciones a megacomplejos.

Así, pues, la globalización probablemente se constreñirá pero meterá más a México en la órbita de Estados Unidos y Canadá. Nuestro país podía haber diversificado más sus relaciones comerciales en la época dorada de la globalización pero no lo hizo o no lo pudo hacer. En la nueva etapa de la economía mundial, los bloques tenderán a cerrarse y México quedará más atrapado en el de América del Norte. La integración con Estados Unidos se profundizará en todos los sentidos.