Una estrategia para humanizar la globalización
junio 10, 2011 Dejar un comentario
Por Supachai Panitchpakdi
MAYO 2011 (IPS) – En las dos últimas décadas se ha afirmado a menudo que la liberalización comercial puede ser una fuerza positiva para el desarrollo. Durante ese período, los países menos desarrollados (PMD) se convirtieron en algunas de las economías más abiertas. Pero una mayor apertura de los mercados de los PMD afectó a sus poblaciones de modo diferenciado, escribe Supachai Panitchpakdi, Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo y ex Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
En general, la liberalización comercial puede tener fuertes efectos redistributivos dentro la economía que potencialmente beneficien a algunos sectores y perjudiquen a otros. A un nivel menos general, tales efectos pueden magnificar o reducir las disparidades existentes entre diferentes grupos basados en el género, la pertenencia a etnias, la clase social o la geografía. En particular, las políticas comerciales pueden tener fuertes impactos diferenciales en hombres y mujeres. El grado de diferencia dependerá de una serie de factores, incluyendo los existentes patrones de género dentro de la división del trabajo, las desigualdades económicas estructurales o el nivel educativo.
Cuando se consideran reformas comerciales es crucial para los gobernantes anticipar como afectarán la redistribución de puestos de trabajo y riqueza a nivel sectorial y prevenir la profundización de la polarización y de la exclusión social.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ha subrayado que una constante de las últimas dos décadas fue la desconexión entre el crecimiento económico y el desarrollo social. Una era de globalización que se definió por la apertura del comercio y los libres flujos de capital ha dejado a muchos países con un incremento de la disparidad en los ingresos y una creciente desigualdad social, incluso en economías que han registrado altos niveles de crecimiento económico. La crisis financiera de 2008/9 ha mostrado que la globalización necesita ser conducida por una agenda de desarrollo en la cual el Estado juegue un papel más fuerte a través de políticas, reglamentaciones e instituciones.
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