JAMES PETRAS: ” A los CAPITALISTAS hoy en día no les importa ni un pito si es un INDIO, NEGRO o un CHINO el que defiende sus intereses “.

JAMES PETRAS

Gastaron 2 mil millones de dólares entre presidenciables y congresistas. El precio de ser presidente norteamericano es 700 mil millones de dólares, y congresistas por lo menos, podríamos decir entre 50 y 70 millones para el Senado;

Obama es un conservador populista o populista conservador.

Chury: Estamos en contacto con James Petras en Estados Unidos. Buen día, ¿cómo estás?

Petras: Bien, gracias que termina esta campaña multi mil millonaria.

Chury: ¿Cuál es tu opinión de lo que ha sido toda esta campaña, los resultados y lo que vendrá?

Petras: Gastaron 2 mil millones de dólares entre presidenciables y congresistas. El precio de ser presidente norteamericano es 700 mil millones de dólares, y congresistas por lo menos, podríamos decir entre 50 y 70 millones para el Senado; y para congresistas comunes entre 20 y 25 millones, eso es lo más sobresaliente, claramente el problema económico ayudó mucho, también el éxito de organización, el espectáculo, la capacidad de Obama de proyectar una imagen de cambio frente a la crisis que está enfrentando la gente. Particularmente con un gran apoyo de los jóvenes negros y clase media con educación universitaria, como dicen los comentaristas. Pero de fondo hay que ir atrás del espectáculo.

Los medios de comunicación aquí presentaron mucho la imagen de gran movilización, gran muchedumbre asistiendo a la campaña final de celebración de la victoria, pero atrás ya las camarillas están operando.El primer anuncio es que un israelita va a ser jefe de agenda en la Casa Blanca, Rahm Emanuel que sirvió en el ejército israelita en Inteligencia. Entonces ya tenemos el primer paso que realmente define la próxima política del señor Obama en Medio Oriente.Lo demás son pura espuma, que va a cambiar esto, lo otro, pero de fondo todo lo que indica que va aumentar el presupuesto militar, aumentar la presencia militar en Afganistán y seguir una política bastante bélica en el Medio Oriente.

¿Cómo se puede invertir en programas de salud, educación, etc. cuando ya está dedicando 700 mil millones de dólares a proyectos militares?Es imposible mantener la disciplina fiscal de que habla, con tantos compromisos con prioridades militares.

Yo creo que todo es una farsa pero aquí la gente sin tomar en cuenta el equipo, sin tomar en cuenta las contradicciones declarativas, tienen grandes expectativas.
Aquí la gente que votó a Obama, que son la gran mayoría, por lo menos 54%, están con las ilusiones de que Obama está a la altura de hacer cambios importantes, tanto en el sistema financiero como en la política externa. Y yo creo que en 6 meses, dentro de su Presidencia, vamos a ver un gran desencanto. Pero ahora están celebrando, están excitados y definen la política gran victoria para los negros. Pero el señor Obama no ofreció ni una propuesta para mejorar la situación de los negros, incluso nunca mencionó el problema de discriminación racista en los salarios, la ocupación, etcétera.

Chury: ¿Debemos comprender entonces que los norteamericanos no tenían opciones?
Petras: Bueno teníamos opciones pero como ves, ni mencionan los otros candidatos. Ni en la campaña, ni permitían participar en ninguna emisora grande de medios de comunicación de masas. Incluso no han publicado en ningún lado la votación para los candidatos alternativos. Hay censura absoluta, que se puede hablar de una actitud que se puede hablar de una dictadura bipartidaria aquí. Lo que pasa es que todos los medios favorecieron a Obama como el gran capital. Obama duplicó los gastos financieros de los republicanos, grandes sectores de Wall Street apoyaron a Obama y los medios de influencia sionista también prestaron un gran aporte con excepción de la cadena Fox News, los principales medios favorecieran a Obama.

Entonces con Wall Street, con los medios de comunicación de masas, con la influencia sionista, ya tenía una gran parte de la cúpula de poder aquí en su favor.
Obama es un conservador populista o populista conservador. Todo su estilo de hacer política parece un populista, habla al pueblo, habla del cambio, muy gentil en su apariencia, tiene una buena relación popular.Pero si uno analiza atrás de la fachada, las fuentes de financiamiento, los principales inversores de su campaña, es un conservador.
Por eso digo el populismo conservador ganó contra el viejo conservadurismo más puro.

Creo que Obama ganó también porque Ma Cain hizo un error táctico apoyando los préstamos en Wall Street y perdió su imagen como un populista, Mc Cain ya no podría presentarse como populista frente al apoyo de 700.000 millones a Wall Street. Eso lo tachó como un conservador pro Wall Street, a pesar que el mismo Obama apoyó esta inyección a Wall Street.

Chury: Decía Chávez no hace mucho que era realmente una cosa novedosa y fuerte que ganara un negro en los EEUU pero que él iba a esperar que ese ganador estuviera a la altura de la historia que lo compromete. Es difícil eso, ¿no?

Petras: Si, la izquierda, Fidel Castro y los demás, que piensan que el hecho de un negro…
Mira, a los capitalistas hoy en día no les importa ni un pito si es un indio, negro o un chino el que defiende sus intereses.

En este momento necesitaban un recambio, salió Obama como una fuerza electoral, con posibilidades de ganar y con un compromiso del gran capital principalmente el sector financiero.

Y ¡ojo!, el sector financiero respaldó a Obama.

Los grandes capitales financieros eran unos de las principales fuentes de apoyo desde Washington, desde Nueva York, Wall Street hasta Los Angeles pasando por Chicago.

Chury: ¿Se puede esperar algún cambio en política exterior? Me refiero a las guerras que mantiene EEUU y particularmente a la política hacia América Latina, sobre Cuba y Venezuela, por ejemplo. ¿Hay algo que haya anunciado de cambios Obama?

Petras: Bueno, sólo hemos visto cambios para peor y en relación a Afganistán.Es decir, la posición de Obama hacia Afganistán es más hacia la derecha que Bush, quiere una escalada, habla de dos brigadas más, un porcentaje -dice- de 10 o 15 mil soldados más.

Ahora hay un doble discurso con Irak. Habla de retirar tropas pero no de sacarlos, dice bajar el número de tropas y tratar de mantenerlos como una fuerza de reserva. Eso es un paso atrás en relación con el año pasado cuando hablaba de retirar todas las tropas.

Con América Latina habla más de un cambio de estilo. Es decir, negociar y dialogar con Chávez pero sin cambiar su definición del gobierno de Chávez como un gobierno anti-norteamericano y autoritario.Yo no veo ningún gran cambio, porque el Sr. Obama tiene un doble discurso, en un lado habla de libre comercio y del otro lado -para conseguir votos sindicales- hablaba de mayor proteccionismo de la industria, es decir, imponer barreras a las exportaciones latinoamericanas.Entonces liberalismo y proteccionismo son las dos caras de la política hacia América Latina.

Tal vez alguna distancia de Uribe es muy posible por los asesinatos que han hecho y las manchas de sangre, etc. Creo que Obama va a tratar de acercarse a los liberales sociales como Lula, que es un poco el espejo de su política.

Chury: ¿Hay algunos parecidos a Lula en el resto de América Latina?

Petras: Sí, tal vez Tabaré Vázquez, Michelle Bachelet, Lula podrían ser la contrapartida.
Pero el asunto importante, es que la principal prioridad es la quiebra de la economía doméstica. No va a dar demasiada atención a la política externa a parte del Medio Oriente.
Nombró como Jefe de su equipo de la Casa Blanca a un sionista fanático, Rahm Emanuel que sirvió en el ejército israelita incluso en la Inteligencia, ahora está a cargo de la Agenda, o sea es quien puede ver y no ver los temas del día.
Eso es una indicación del camino que va a tomar Obama en relación con Israel, Palestina y los problemas de Medio Oriente que no es exactamente algo óptimo para los pueblos de Medio Oriente.

Chury: ¿Quiere decir que el cambio con nuevo inquilino de la Casa Blanca simplemente se reduce a un cambio de color de piel?

Petras: No exactamente.

Yo creo que hay un factor que no debemos excluir, que son las presiones económicas que van a aumentar.

La crisis actual va a empeorar, no pueden seguir con los brazos cruzados frente al colapso de la economía.

Algunas medidas por ejemplo algunos gastos, algún aumento fiscal sobre la economía es probable porque entremos en una crisis formidable, la recesión ya está, el sector manufacturero es negativo, el consumo es negativo.

No pueden siempre mirar las cosas como George Bush. Tiene la obligación de tomar algunas medidas.

Cualquier político norteamericano no se puede quedar al margen como tocando la guitarra al estilo de Bush, pero las medidas son simplemente orientadas a fortalecer las actividades capitalistas y no hay ningún programa de bienestar social que podría estimular la economía.

Castells cree que el uso adecuado de las TIC en España cambiará la política

Manuel Castells

El sociólogo Manuel Castells ha señalado hoy que las tecnologías de la información y comunicación (TIC) han sido elementos ‘decisivos’ en la campaña de Barack Obama, si bien ha advertido de que no cualquier política se adapta a internet y que en España aún no hay partidos que ‘hagan nada de esto’.

‘Alguna vez surgirá un Obama y habrá un terremoto político en el país’ (España), ha remachado este sociólogo en relación con el uso de internet desde el punto de vista de la política y las elecciones.

Para Castells, Obama no ha ganado por haber utilizado internet en su campaña, sino que lo importante es que ha podido usar la red porque tenía detrás un movimiento social apoyándole y un apoyo masivo de los jóvenes, que son los que realmente están en internet.

‘Ha sido un elemento decisivo, pero no cualquier política se adapta a internet’, ha aclarado Castells, quien ha añadido que ‘no es una cuestión de tecnología’, ya que ’si no hay un esfuerzo de participación y de creer en la gente y de ir con la gente, entonces la tecnología no sirve’.

En este sentido, este sociólogo ha dicho que cuando ‘hay un movimiento político horizontal, participativo y abierto, la tecnología lo multiplica’; por lo tanto, la clave ‘es la combinación entre el tipo de política que se hace, el tipo de gente que participa y la tecnología que se utiliza’.

En España, según ha indicado, ‘todavía no hay partidos que hagan nada de esto, ni parecido’, aunque sí una base social de jóvenes que usan Internet masivamente: ‘hay Internet pero no hay conexión con el sistema político’.

En este contexto, ha opinado que ‘alguna vez surgirá un Obama, y habrá un terremoto político en el país’.

Según Castells, para que los jóvenes en EEUU se movilizaran como lo hicieron hacía falta Internet y ha agregado que sin este instrumento el candidato demócrata ‘no hubiera conseguido los 605 millones de dólares para su campaña, porque el 62 por ciento de las donaciones se hicieron por Internet’.

Castells va a participar hoy en un debate organizado por la Fundación Banco Santander sobre el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la sociedad, junto a Cecilia Castaño, catedrática de Economía aplicada de la Universidad Complutense.

Este sociólogo ha declarado que con internet los periodistas y profesores han perdido el monopolio de la comunicación.

Además, el sociólogo ha relatado que en Irán existen 500.000 blogs y que un 40 por ciento son de mujeres.

Este primer debate se incluye en un ciclo llamado ‘El mundo que viene’, en el que además se analizará el impacto de las TIC en la empresa, la educación y la comunicación.
Están coordinados por Castells e Imma Tubella, rectora de la Universidad Abierta de Barcelona.

Latinoamérica y la Crisis Mundial.

Augusto de la Torre.

Washington, DC 9 de octubre de 2008.- La contracción del crédito, la reducción de la demanda de las exportaciones y la caída de los precios de las materias primas provocados por la crisis financiera mundial han empezado a impactar a los países de América Latina y el Caribe, aseguró Augusto de la Torre, economista en jefe del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe (ALC).

De acuerdo con De la Torre, la región en general está mejor posicionada que en el pasado debido al fuerte crecimiento que registró en los últimos cinco años (de 5% en promedio) y a la implementación de políticas macroeconómicas y fiscales saludables. Pero, ante la magnitud de la actual crisis sin precedentes y el temor e incertidumbre que existe en cuanto a su alcance e impacto, la región no saldrá ilesa.

“Desde el panorama económico para América Latina y el Caribe que presentamos en abril de 2008, la situación externa se ha deteriorado significativamente”, dijo ayer De la Torre en conferencia de prensa. “Tres impactos globales interrelacionados golpean a la economía mundial: la crisis financiera, la desaceleración del crecimiento y los cambios en los precios relativos internacionales (especialmente el debilitamiento en el precio de las materias primas). Estos impactos se agrandan, se refuerzan mutuamente cada vez más y se esparcen alrededor del mundo, y los efectos relativos en cada país continúan evolucionando”.De la Torre dijo que América Latina presenta una caída de los índices bursátiles y ajustes monetarios significativos, estos últimos relacionados en gran medida con la cancelación de anteriores posiciones especulativas (los llamados “carry trades”). El costo del financiamiento externo ha aumentado bruscamente, en especial para las compañías latinoamericanas, pero también para los bonos soberanos de la región. Al 7 de octubre, el margen de riesgo promedio para los bonos corporativos y soberanos latinoamericanos subió 578 y 603 puntos básicos, respectivamente.

Sin embargo, el economista advirtió que el deterioro del margen de riesgo comenzó desde una base históricamente baja, con precios altos para las acciones bursátiles, monedas apreciadas y flujos externos de capital inéditos, efectos menos pronunciados en América Latina en comparación con otros mercados emergentes. El resto de los indicadores económicos no parecen verse afectados aún: de acuerdo con las más recientes estimaciones, los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) a la región se han mantenido en un nivel alto y la deuda en moneda local y los mercados interbancarios también se han comportado relativamente bien en la mayoría de los países. No obstante, las condiciones financieras locales deben ser monitoreadas de cerca.

La desaceleración mundial, una preocupación creciente.

De la Torre dijo que el probable estancamiento económico de los países ricos y la aguda desaceleración de las economías asiáticas afectarán negativamente el crecimiento en la región. El principal catalizador será una disminución en la demanda mundial de las exportaciones latinoamericanas. La reducción de las remesas (especialmente importantes en América Central, el Caribe y México), los débiles precios de las materias primas, un mayor costo del endeudamiento y el lastre de las políticas económicas contractivas llevadas a cabo por los países de ALC para contener la inflación también agudizarán la situación.

El Banco Mundial prevé que el crecimiento económico en ALC disminuya de 5,6% en 2007 a 4,6% en 2008, y a alrededor de 2,5 a 3,5% en 2009. Si bien la desaceleración en ALC será mayor a la prevista inicialmente, este declive partirá desde la base de crecimiento alto, que la región mostró en los últimos años. Los países con un comercio internacional diversificado, como Argentina, Perú y Brasil, verán un impacto mitigado y retardado debido al fuerte crecimiento de China. Los países que tengan un mejor desempeño ante la crisis serán los que logren reducir sus vulnerabilidades, incrementar la tasa de inversión, diversificar sus mercados de exportación y restablecer el crecimiento de la productividad. Las fluctuaciones en el precio de las materias primas tendrán efectos diferentes en cada país.

El descenso en el precio de las materias primas debido a la desaceleración económica deteriorará los términos de intercambio para la región en general, dado que América Latina es un exportador neto de materias primas. Más del 90% del Producto Interno Bruto (PIB) y de la población de la región reside en países que son exportadores netos de materias primas.

Esta crisis sigue a un período donde los países se vieron beneficiados por el alza en el precio de las materias primas. Alrededor de la mitad de los países de la región, ubicados esencialmente en América Central y el Caribe, son importadores netos de materias primas. Para ellos, el reciente descenso del precio internacional de los combustibles, metales industriales y cereales será un alivio. En muchos casos este alivio tendrá su contraparte negativa en el menor flujo de remesas y en un crecimiento económico estancad, pero la caída en el precio internacional de los alimentos y combustibles ayudará a reducir la inflación a la que anteriormente contribuyeron.

Perspectivas poco alentadoras.

De la Torre dijo que mientras existe incertidumbre sobre las consecuencias finales de estos impactos globales en ALC, el riesgo de pérdidas se ha incrementado y ha obligado a una reconsideración de los desafíos y prioridades de políticas. La capacidad de los países latinoamericanos de responder a estas circunstancias deterioradas dependerá de la ramificación de sus vulnerabilidades reales y financieras. El economista explicó que las autoridades deberán decidir si y cuándo expandir la política monetaria y sostuvo que la respuesta dependerá en parte del nivel inflacionario y la tensión a la que estén sometidos los sistemas financieros y las monedas nacionales.

Consecuencias inevitables del neo liberalismo y de su globalización

José Galiano H.   

Es necesario y urgente, concebir un régimen de convivencia humana que, en el ámbito económico y social, constituya una alternativa al capitalismo, que sea viable en su aplicación práctica, eficaz en su proyecto de vida y justo en sus fundamentos éticos.

Es necesario y urgente porque el orden capitalista en que estamos atrapados no es sólo un atropello inicuo a las 2/3 partes de la población del mundo, sino una fuente constante de destrucción de la atmósfera, de extinción progresiva de las diversas especies de vida animal y vegetal, de agotamiento de los recursos no renovables, y de confrontación, corrupción y sufrimiento de la vida humana.

Porque son hechos de la historia y de la realidad contemporánea que el sistema económico social en que hemos vivido durante los últimos cuatro siglos es absolutamente incapaz, no sólo de construir un mundo justo -en que la vida consista en un episodio posible y grato para todos- sino además, absolutamente incompatible con la sobrevivencia de un a población que se aproximará a los 10.000 millones a fines de la próxima década y que puede alcanzar los 50.000 millones a comienzos del próximo siglo.

El sistema capitalista bajo el cual convivimos, ni siquiera fue concebido para administrar los bienes y servicios del mundo de hoy. No lo fue, porque los ideólogos que lo concibieron y lo justificaron, nunca tuvieron en su mente una realidad como la actual.

En cuanto a la magnitud de la población, sólo advirtieron, alegremente, que Malthus se había equivocado al presumir que los productos alimenticios del planeta se incrementarían en proporción aritmética, mientras la población crecería en progresión geométrica. Pero no descartaron el presagio de Malthus, porque adivinaran que los alimentos podrían multiplicarse casi indefinidamente; sino porque concebían la economía para un “mundo civilizado” y no “primitivo”, que apenas se conocía y que vivía en estado de naturaleza; como vivían y siguen viviendo las demás especies del reino animal. Porque entendían la economía como una realidad basada en el intercambio de los proveedores de bienes y servicios, movidos simplemente por sus decisiones de voluntad en razón de sus propios intereses; porque los no proveedores de bienes nada tenían que intercambiar como no fuera su trabajo; y porque este trabajo, en sus formas más numerosas y por lo mismo más humildes, competían con el trabajo de los esclavos; que para ellos no eran personas sino cosas y cuyo costo de manutención nunca aumentaría. Porque además, contaban con las guerras como fenómeno inextinguible; cuyos efectos, dolorosos pero inevitables, se encargarían de frenar “espontáneamente” el incremento excesivo de la población, colaborando en ello con las enfermedades infecciosas endémicas y epidémicas; que jamás sospecharon que podrían prevenirse ni curarse.

En cuanto a los avances de la ciencia y la tecnología; ni a los intelectuales de la Ilustración, ni a sus precursores ni a sus seguidores -en el aprovechamiento de las bondades del mercado- se les pasó siquiera por la mente, que los instrumentos para comunicarse llegaran a ser instantáneos, sin importar la distancia a que se encontraran los interlocutores; que los medios de transportes superarían la velocidad del sonido y en el campo interestelar se aproximarían audazmente a la velocidad de la luz. Tampoco se imaginaron que el trabajo manual pudiera transformarse, casi en su totalidad, en una manipulación de botones, teclas, ondas radiales y conexiones; y que, en consecuencia, el obrero semianalfabeto fuera masivamente sustituido por técnicos e intelectuales de las ciencias físicas, químicas, biológicas y matemáticas. Menos aún pudieron suponer, que estos avances -que hacen de la vida una aventura casi prodigiosa y que pueden hacerla más grata y confortable- estarían diariamente a la vista y observación de todos los habitantes de la tierra; y que; en consecuencia, las necesidades desconocidas y en silencio de los pueblos se transformarían en demanda potencial por bienes y servicios de 6.000 millones de personas; y que de ellos, 2.000 millones, aspirando legítimamente a su acceso, no podrían siquiera visualizar la posibilidad de adquirir esos bienes ni de utilizar esos servicios, que se les exhibe tentadoramente todos los días. Nada de esto pudo ser soñado por los mentores del capitalismo de los siglos XVII, XVIII o XIX, no obstante, los economistas del siglo XX -que han sido testigos de una realidad incompatible con el capitalismo clásico y que pudo ser viable y eficaz para un 10% de la población del mundo de aquellas épocas- han perseverado con afanosa tozudez en su preservación.

¿Quién podría sorprenderse, entonces, que bajo este régimen, 1.500 millones de personas -es decir uno de cada cuatro habitantes- viva en extrema pobreza y que 15 millones de personas -1 de cada 400 habitantes- muera de hambre cada año?

Pero esas cifras estremecedoras no son tampoco la única consecuencia de la falta de idoneidad del neo liberalismo, porque frente a ella están los guarismos que revelan el derroche en armas, en lujo, en juego y en vicios, incluida la drogadicción, cuyos consumidores pertenecen en un 80% al mundo desarrollado. Y esas cifras podrían también confrontarse con las utilidades netas de las grandes empresas multinacionales; o con la babélica escala de las rentas del trabajo, donde uno de los trabajadores intelectuales más ricos del mundo gana en un año, lo mismo que un obrero manual de un país pobre ganaría en 2.200 años.

Tampoco es posible ignorar, que bajo el ordenamiento económico que rige aún en el mundo de hoy -en este siglo XXI, que encuentra saturada la industria de objetos destinados a reemplazar el trabajo humano y a multiplicar su rendimiento y su eficacia a cifras astronómicas- los efectos prácticos de la tecnología, no se traducen en que todos trabajemos menos para producir las mismas cosas, sino en que menos personas trabajen lo mismo, o más de lo que trabajaban antes; mientras un cuarto de la masa laboral del mundo permanece desempleada. Esto significa que la plusvalía generada por el trabajo humano -según la descripción de Marx- se la sigue apropiando indebidamente el dueño del capital. Pero esa plusvalía, que es ahora mayor que antes del automatismo, se la sustrae a un número menor de trabajadores. Dicho de una manera más cruda pero más exacta: a uno de cada cuatro trabajadores, ya ni siquiera se le puede sustraer la plusvalía de su trabajo, porque no tiene trabajo, ni ingresos, a menos que pertenezca a un país desarrollado y el Estado lo subsidie mientras permanece desempleado.

Pero no podría dar por concluida esta ominosa realidad, sin recordar el hecho más elemental, histórico e identificatorio de la filosofía capitalista. Este rasgo peculiar del liberalismo económico de todos los tiempos, descrito crudamente por el propio Adam Smith, consiste nada menos que en su trágica e inevitable secuencia crítica. En efecto, bajo el impulso de las leyes del mercado, los ciclos de prosperidad promovidos por el aumento de las utilidades de las empresas o por nuevas inversiones, generan también nuevos puestos de trabajo y en alguna medida, incremento de los sueldos y salarios; todo ello se traduce en mayor demanda de bienes y servicios -¿pero hasta cuando?-. Sólo hasta que el aumento de los precios -desatado por el incremento de la demanda- provoque los primeros signos inflacionarios y el consiguiente desorden financiero. A partir de ese momento; el aumento de los precios provocará la disminución de la demanda; las empresas reducirán su producción o retirarán parte de sus inversiones; ello aumenta el desempleo y se configura la crisis alternativa a la inflación, es decir la crisis de la recesión. Hasta el siglo XXI, los ciclos críticos entre inflación y desempleo se repetían aproximadamente cada 15 años, a partir de la segunda mitad del siglo XX, la velocidad que empiezan a adquirir los medios de comunicación y de transporte, han venido aproximando las reacciones entre el incremento de la demanda y la reducción de la oferta, pero además, han acelerado el contagio de las crisis locales, a todas las regiones vinculadas comercialmente al país en crisis. De este modo, los temas cíclicos entre inflación y recesión se vienen repitiendo virtualmente cada cinco años y afectan cada vez a mayor número de naciones.

La perspectiva del orden económico en que vivimos no puede ser más desoladora.

El fin de una era del capitalismo financiero

Ignacio Ramonet

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía: «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo». Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema». Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea, seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas– desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañía de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica– demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuánto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme», vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

LA CRISIS GLOBAL: UNA VEZ MAS EL ESTADO LOS SALVARA?.

JOSEP RAMONEDA

La CEOE, la organización corporativa de la patronal, pidió la pasada semana “un paréntesis en la economía libre de mercado para atajar la crisis”. La frase sería incluso entrañable, viniendo de quien viene, si no fuera por las enormes dosis de cinismo y de impudicia que acumula. Tiene algo de confesión de fracaso, pero tiene mucho de insolencia: coge dinero público y corre. O sea, hemos exigido manos libres para hacer lo que nos diera la gana, lo hemos hecho mal, ahora que venga el Estado y nos salve. Después de años explicándonos la economía de mercado como una segunda naturaleza indisociable de los hombres, que garantiza de modo insuperable la correcta distribución de bienes y servicios, ahora resulta que no había para tanto, y que, cuando conviene a los señores empresarios, esta realidad consustancial a nuestras sociedades puede detenerse por un simple decreto del Consejo de Ministros.

En estos años de fundamentalismo de mercado las regulaciones se han hecho menos eficientes y más simbólicas

En pleno apogeo de la ideología liberalizadora y desregularizadora, injustamente llamada neoliberal, porque el liberalismo es algo mucho más profundo, hemos oído decir que sobraba Estado; que el Estado estropea todo lo que toca; que la introducción de los delirios especulativos de las sociedades de capital riesgo en las empresas no dañaban al sistema porque cuando una ya ha dado todo lo que puede dar de sí desaparece y nace otra; que la orientación de los incentivos a los resultados inmediatos no era grave porque el mercado colocaba cada cual en su sitio; que las burbujas, financiera o inmobiliaria, no debían asustar porque a la larga se producen los reajustes automáticos y pagan quienes tiene que pagar, y así sucesivamente hasta un largo cuento de Jauja. Ahora los que tendrían que pagar llaman al Estado para que les libre de la quema, con el cínico chantaje de que, si no se invierte dinero público para salvarles, las empresas cerrarán en cadena y los efectos de las crisis devastarán la sociedad entera.

Estos días he oído hablar de moralidad. De lo inmoral que es exigir que los beneficios sean siempre privados y que, en cambio, se socialicen las pérdidas. Es ingenuo hablar de moralidad en una sociedad en la que el que gana arrasa con todo y el que pierde se queda sin nada, y además el que gana suficiente cuando pierde tiene capacidad para imponer la modificación o la congelación de las reglas del juego. En las sociedades democráticas vivimos en una aporía permanente entre el principio de igualdad que rige el sistema político y el principio de desigualdad que rige al sistema económico, hacer conllevable este doble juego es la máxima optimización del sistema que se ha conseguido hasta ahora. Aunque en los últimos años, en la medida en que la economía se ha globalizado pero la política sigue sin superar el estadio nacional, el equilibrio se ha decantado mucho del lado de la desigualdad. Los gobiernos son impotentes para gobernar el proceso de globalización. Y llevan tiempo yendo a remolque.

El profesor Stiglitz dice: “este modo de organización económica”, que él denomina fundamentalismo de mercado, es insostenible. Stiglitz llega a decir que esta crisis es para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del muro de Berlín para el comunismo. No dudo de la insostenibilidad de la que el Premio Nobel habla. Pero, sin embargo, la metáfora sobre el muro de Berlín me parece que genera confusión. Los sistemas de tipo soviético se hundieron y nadie desde dentro hizo nada para salvarlos, porque la gangrena producida por un sistema ineficiente y obturado por todas partes hacía imposible que pudiera seguir andando. Es más, las presiones desde los gobiernos occidentales y los organismos económicos controlados por ellos para acelerar los procesos de transición fueron grandes y tienen su parte de culpa en la deriva hacia el autoritarismo y la delincuencia económica que algunos de estos regímenes han tomado. En cambio, al caer el muro financiero, los propios responsables del desastre han puesto en marcha la operación supervivencia llamando al Estado -como si de una catástrofe natural se tratara- a poner en marcha los mecanismos de rescate.

La moraleja de la crisis parece clara: la economía de mercado necesita ser regulada. Y en estos años de fundamentalismo de mercado las regulaciones se han hecho cada vez menos eficientes y más simbólicas. Los mecanismos automáticos de estabilización del mercado no siempre funcionan. Como todo sistema tiene sus puntos catastróficos. Por tanto, el Estado tiene que recuperar su papel en la gobernabilidad de las economías. A partir de este principio se da por buena una multimillonaria operación rescate en la que el Gobierno de Estados Unidos, es decir, los ciudadanos de aquel país, acabaran pagando una cifra que al final se acercara al valor del PIB español. Pero de cómo sea este rescate dependen muchas cosas. Garantizar depósitos y ayudar a los ciudadanos con sus hipotecas es una cosa, salvar a los irresponsables que han llevado la situación hasta aquí es otra muy distinta. Es como incentivar para que, una vez completada la operación rescate, todo siga igual y el ciclo vuelva a empezar.

Hasta que dentro de unos años volvamos a estar en las mismas y los gobiernos sean, de nuevo, solicitados para que intervengan urgentemente. Si ha caído un muro, el futuro no puede ser el mismo. Eso sí, en España Gobierno y oposición sigue impertérritos. El Gobierno, defendiendo el fundamentalismo de mercado con la fe del converso, esperando que la fiebre baje sola, y la oposición repitiendo las mismas recetas de siempre: más liberalización, más desregulación, menos impuestos, menos Estado, como si nada hubiera pasado. Son muy felices.

EL ESTADO ¿ SERA LA SOLUCION A LA CRISIS GLOBAL ?.

Boaventura de Sousa Santos

La palabra no aparece en los medios de comunicación norteamericanos, aunque se trata de eso: nacionalización. Ante las quiebras ocurridas, anunciadas o inminentes de importantes bancos de inversión, de las dos mayores sociedades hipotecarias del país [1] y de la mayor aseguradora del mundo [2], el Gobierno Federal de los Estados Unidos ha decidido asumir el control directo de una parte importante del sistema financiero. La medida no es inédita, pues el Gobierno intervino en otros momentos de profunda crisis:

*- en 1792 (en el mandato del primer presidente del país),

*-en 1907 (en este caso, el papel central en la resolución de la crisis tocó al gran banco de entonces, J.P. Morgan, hoy Morgan Stanley, también en riesgo),

*- en 1929 (la gran depresión que duró hasta la Segunda Guerra Mundial:

*-en 1933, en la que 1000 norteamericanos al día perdían sus casas a favor de los bancos) y

*- en 1985 (la crisis de las sociedades de ahorro).

Lo que es nuevo en la intervención en curso es su magnitud y el hecho de ocurrir al fin de treinta años de evangelización neoliberal conducida con mano de hierro a nivel global por los Estados Unidos y por las instituciones financieras por él controladas, el FMI y el Banco Mundial (BM):

*- mercados libres y, por ser libres, eficientes;

*- privatizaciones; desregulación;

*- Estado fuera de la economía por ser inherentemente corrupto e ineficiente;

*- eliminación de las restricciones a la acumulación de riqueza y la correspondiente producción de miseria social.

Fue con estas recetas que se «resolverían» las crisis financieras de América Latina y Asia y que se impusieron ajustes estructurales en decenas de países. Fue también con ellas que millones de personas fueron abocadas al desempleo, perdieron sus tierras o sus derechos laborales y tuvieron que emigrar.

A la luz de esto, ocurrió lo impensable: el Estado dejó de ser el problema para volver a ser la solución; cada país tiene el derecho de hacer prevalecer lo que entiende ser el interés nacional contra los dictámenes de la globalización; el mercado no es, de por sí, racional y eficiente, únicamente sabe racionalizar su irracionalidad e ineficiencia conforme éstas no alcancen el nivel de la autodestrucción; el capital siempre tiene el Estado a su disposición y, en consonancia con los ciclos, ora por la vía de la regulación, ora por la vía de la desregulación. Esta no es la crisis final del capitalismo y, aunque lo fuese, tal vez la izquierda no sabría qué hacer con ella, dada su conversión generalizada al evangelio neoliberal. Mucho seguirá como antes: el espíritu individualista, egoísta y antisocial que anima el capitalismo; el hecho de que la factura de las crisis es siempre pagada por quien nada contribuyó a ellas, la aplastante mayoría de los ciudadanos, ya que es con su dinero que el Estado interviene y muchos pierden el empleo, la casa y la pensión.

Pero mucho más cambiará.

*- En primer lugar, el declive de los Estados Unidos como potencia mundial alcanza un nuevo rango. Este país acaba de ser víctima de las armas de destrucción financiera masiva con las que agredió a tantos países en las últimas décadas y la decisión «soberana» de defenderse al final fue inducida por la presión de sus acreedores extranjeros (sobre todo chinos) que amenazaron con una fuga que sería devastadora para el actual american way of life.

*- En segundo lugar, el FMI y el BM dejarán de tener cualquier autoridad para imponer sus recetas, pues siempre usaron como medida una economía que ahora se revela fantasma. La hipocresía de los dobles criterios -unos válidos para los países del norte global y otros válidos para los países del sur global- queda expuesta con una crudeza chocante. De aquí en adelante, la primacía del interés nacional puede dictar no sólo protección y regulación específicas, sino también tasas de interés subsidiadas para apoyar a industrias en peligro (como las que el Congreso de los Estados Unidos acaba de aprobar para el sector automovilístico).

No estamos ante una desglobalización, pero estamos ciertamente ante una nueva globalización posneoliberal internamente mucho más diversificada. Emergen nuevos regionalismos, ya hoy presentes en África y en Asia, pero sobre todo importantes en América Latina, como el ahora consolidado con la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y del Banco del Sur. A su vez, la Unión Europea, el regionalismo más avanzado, tendrá que cambiar el curso neoliberal de la actual Comisión bajo pena de correr el mismo destino que el de los Estados Unidos.

*- En tercer lugar, las políticas de privatización de la seguridad social quedan desacreditadas: es éticamente monstruoso que sea posible acumular lucros fabulosos con el dinero de millones de trabajadores humildes y abandonarlos a su suerte cuando la especulación falla.

*- En cuarto lugar, el Estado que regresa como solución es el mismo Estado que ha sido moral e institucionalmente destruido por el neoliberalismo, que ha hecho de todo para que su profecía se cumpliese: transformar al Estado en un antro de corrupción. Esto significa que si el Estado no es reformado y democratizado en breve será, ahora sí, un problema sin solución.

*- En quinto y último lugar, las transformaciones en la globalización hegemónica van a provocar cambios en la globalización de los movimientos sociales que ciertamente se van a reflejar en el Foro Social Mundial: la nueva centralidad de las luchas nacionales y regionales; las relaciones con los Estados y partidos progresistas y las luchas por la refundación democrática del Estado; contradicciones entre clases nacionales y transnacionales y las políticas de alianzas.

Cuba, un ejemplo de desarrollo educativo

Iván Escobar

Redacción Diario Co Latino

Yenielys Vilma Regueiferos Linares, secretaria de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional de Cuba, durante la jornada de trabajo de una de las mesas del IV Foro Parlamentario de Iberoamérica, reiteró que la única alternativa para lograr garantizar el desarrollo de la juventud, es la educación, un factor medular para el ser humano.

Cuba ofreció su experiencia en materia educativa, para que los pueblos de Iberoamérica y en particular latinoamericanos logren un verdadero desarrollo de la juventud del área.

La representante caribeña destacó los beneficios que han obtenido a partir de programas de desarrollo que han impulsado en la isla “algunos desde tiempos de la revolución Cubana, en pos del pleno desarrollo de la juventud, y los socializábamos como alternativa para la juventud Iberoamericana”.

“En Cuba hemos venido tratando de implementar algunos programas sociales que evitan la exclusión y la marginalidad de la juventud, un ejemplo de ello es la universalización de la enseñanza superior”, puntualizó Regueiferos, y añadió que esto no “es cosa del otro mundo, sino la universidad llevada a cada uno de los lugares del país”.

Es así como Cuba ha logrado a la fecha, que toda su población tenga estudios arriba del bachillerato, “nosotros tenemos 14 provincias, 169 municipios y contamos con una sede universitaria en cada uno de los municipios”. Y esto funciona, además, para la formación de profesionales extranjeros, ya que algunas sedes son escuelas de medicina en las cuales se forman jóvenes de latinoamericanos, asiáticos, norteamericanos entre otros.

“Esto se logra, aseguró, porque existe una voluntad del Estado por evitar la marginalidad de las poblaciones jóvenes, lo que no ha sido fácil, tomando en cuenta el embargo económico que tiene la isla desde la revolución cubana, y el cual ha sido impuesto por los Estados Unidos. “Se preguntarán cómo Cuba hace esto, un país pobre de tercer mundo, bloqueado por más de 50 años, la fórmula es sencilla, lo que funciona como una escuela primaria por la mañana en la noche se convierte en universidad”, compartió.

Otro elemento que debe ser tomado en cuenta a la hora de impulsar programas como estos, es la voluntad de todos los sectores para permitir que los mismos se desarrollen. Y además de la educación básica, es necesario que a ello se sumen programas de educación sexual, valores, promover la lectura. De lo contrario, afirmó que si un joven en cualquier parte del mundo no tiene alternativas positivas, la vía que asegura es la delincuencia, las drogas.

Jóvenes no participan en política

Carmen Elena de Escalón, diputada salvadoreña dijo que uno de los hallazgos de la mesa de Cultura Democrática, del IV Foro es que la juventud no tiene interés en la participación política, lo cual es preocupante porque no hay un interés.

Mientras que el senado colombiano, Juan Manuel Galán, aseguró que “el escenario Iberoamericano se ha convertido en un mecanismo de integración regional muy importante para permitir que los jóvenes tengan una participación mucho más activa”.

Aunque, Galán advierte que las conclusiones de este foro, deben pasar de las palabras a los hechos, a fin de dar respuestas claras a las interrogantes y, sobre todo, necesidades de la juventud de la región.

Héctor Lacognate, diputado de Paraguay, aseguró que el objetivo es “constituir un frente que garantice la promulgación de leyes en pro del desarrollo del sector juvenil, el tema de jóvenes es un tema transversal”. El IV Foro concluye este viernes, con la declaración que se entregará a los presidentes en la próxima Cumbre de mandatarios, a realizarse a finales de octubre.

¿Una nueva guerra fría?

Manuel Castells

Cuando el 7 de agosto el ejército de Georgia atacó por sorpresa la capital de Osetia del Sur, reduciéndola a escombros y matando al menos a 1.600 civiles, empezó un nuevo episodio en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos que algunos observadores interpretan como una nueva guerra fría. La fulminante reacción de Rusia, desmantelando al ejército georgiano en tres días, era de esperar. Desde el fin de la Unión Soviética Estados Unidos ha impuesto su geopolítica a una Rusia debilitada.

La guerra de los Balcanes y la secesión de Kosovo fueron una humillación para Rusia. La ascensión de Putin se apoyó en el sentimiento nacionalista ruso que, adoptando la economía de mercado y la sociedad de consumo, no aceptaba sin embargo perder su influencia como país. Aprovechando el temor ancestral de Europa del Este con respecto a Rusia, Estados Unidos y la OTAN han ido estableciendo alianzas militares que han sido percibidas por Rusia como un cerco gradual, simbolizado por el proyectado despliegue de misiles antimisiles y la candidatura de Ucrania a la OTAN. Pero lo inaceptable para Rusia fue el reforzamiento militar de Georgia por parte de Estados Unidos e Israel y el rechazo de la autodeterminación de Abjasia y Osetia del Sur mientras se reconocía el derecho de Kosovo a la independencia. Esta vez Rusia ha dicho basta. En el Cáucaso y en el mundo. La modernización (aún incompleta) del ejército ruso, la consolidación de la autoridad del Estado y la bonanza económica impulsada por los altos precios del petróleo (Rusia es el segundo mayor productor de petróleo y gas en el mundo) sitúan a Rusia de nuevo como poder mundial. Y la Administración Bush, que se inició con la desestabilización del Oriente Medio, puede terminar su triste andanza con una crisis internacional de grandes proporciones.

No está claro por qué el osado presidente Saakashvili empezó una guerra que no podía ganar él solo. Mucha gente, incluido Gorbachov, consideran impensable que lo hiciera sin el consenso de Estados Unidos. Al fin y al cabo, Estados Unidos e Israel llevan años proporcionando armamento de última generación y asistencia militar a Georgia. Estados Unidos para anclar un aliado incondicional en una región estratégica (otro Israel). Israel para proteger el oleoducto que a través de Georgia conduce el petróleo de Azerbaiyán y que representa el 20% de las importaciones de Israel. Parece, sin embargo, que Saakashvili actuó por su cuenta para crear una situación de hecho en la que Estados Unidos tuviese que acudir en su ayuda. Algo difícil, más allá de gestos simbólicos, porque Estados Unidos no está en condiciones económicas o militares de meterse en más aventuras, reservándose como se reserva para una posible confrontación con Irán. En esas condiciones, la crisis podría calmarse. Las tropas rusas podrían retirarse a sus posiciones, Osetia del Sur y Abjasia se reafirmarían en su independencia de hecho bajo protección rusa, y los georgianos, pasado el primer momento de sobresalto nacional, podrían tener dudas sobre las aventuras de su presidente. Sobre todo si se recuerda que hace un año hubo violentos disturbios en Tiflis duramente reprimidos por el Gobierno.

Pero hay quien está por echar leña al fuego. En particular Polonia y las repúblicas bálticas, cuyo nacionalismo antirruso es tanto más virulento cuanto que se sienten protegidas por la Unión Europea y la OTAN. De ahí las peticiones de expulsión de Rusia del Consejo de Europa, la creación de un frente común antirruso de los países vecinos, incluida Ucrania, alineándose con Estados Unidos, y provocaciones como el envío de tropas de Estonia a Georgia en signo de solidaridad militar. Es decir, hay una estrategia deliberada de dirigentes nacionalistas de repúblicas ex soviéticas de llegar a una confrontación con Rusia para obligar a Estados Unidos y a la Unión Europea a defenderlos con todas las consecuencias. Es una estrategia de alto riesgo. Si Georgia hubiera sido miembro de la OTAN como pretendía, con el apoyo de Estados Unidos, el artículo 5 del tratado obliga a los estados miembros a socorrer a uno de sus miembros en caso de invasión de su territorio. Y como Georgia sostiene que Osetia del Sur es su territorio (lo que Rusia, Osetia y Abjasia no reconocen) hubiéramos tenido que entrar en guerra con Rusia (si, usted y yo también como miembros de la OTAN que somos). La Unión Europea puede verse arrastrada a una nueva guerra fría por nacionalismos extremos, como el de Georgia o Estonia, si no se gestiona la situación con cuidado. Es impensable seguir tratando a un país con la fuerza militar, económica, tecnológica, cultural y política que tiene Rusia como si fuera un oso al que hay que hacer bailar al son occidental. La construcción de una relación de cooperación con Rusia es esencial para Europa. Y no puede la Unión Europea entrar en el juego de provocación doble de nacionalismos exacerbados y geopolítica del poder estadounidense. No se puede apoyar la independencia de Kosovo y Chechenia y rechazar la de Abjasia y Osetia. No se puede armar a Georgia con la última tecnología militar y luego condenar la intervención rusa. Y no se puede entrar en la estrategia israelí que utiliza a otros peones para su objetivo final: el ataque a Irán en los próximos meses en medio de una desestabilización general de la región. No, no es una nueva guerra fría. Son las primeras escaramuzas de una guerra caliente en gestación. A menos que Europa frene el proceso y dé tiempo a que Obama llegue a presidente. Si llega, porque uno de los objetivos de esta tensión es favorecer a McCain creando una crisis internacional en la que pueda hacer valer su experiencia y su pasado militar. Saakashvili es una persona inestable que se lanzó a una aventura sin llamar antes a Bush. Pero no es un loco. Así que es probable que alguien lo llamara a él. Un alguien de esa trama que se resiste a dejar de utilizar los atributos imperiales del superpoder.
*Sociólogo y profesor universitario español, catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California, Berkeley (EEUU).

Seres humanos, ¿residuales?

Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman pretende contar una de las historias de la modernidad en: Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Busca ofrecer una mirada alternativa que pueda permitir hacer un balance del mundo contemporáneo. Asegura que en nuestro planeta, las cosas se desechan con rapidez porque vienen otras nuevas y mejoradas. Los residuos son todo aquello que no sirve, aquello que es desechable, que no es útil para el progreso de la sociedad. Los seres humanos residuales son una parte inevitable de la modernidad y la globalización es la producción más incontrolada de éstos, por eso los temas de inmigración y de la seguridad son los que preocupan a las instituciones de poder. En el mundo globalizado, todo se ha convertido en problemas de orden porque solamente hay una sociedad. Se han creado nuevas condiciones en las zonas fronterizas, han aumentado los temores de seguridad individuales y la industria de la seguridad migratoria es una gran producción de residuos, pues separa “lo bueno de lo malo”.

El concepto de superfluidad en la modernidad no es pasajero, sino de permanencia, significa ser inútil, innecesario. Cuando alguien es declarado superfluo es por su condición desechable y quiere decir que nadie lo necesita, es un residuo y su destino es el basurero. En lo que llamamos sociedad, no hay lugar para los residuos humanos y los desempleados están fuera de cualquier rol. En la modernidad, son muchos los que quedan excluidos y aquel proyecto de progreso que prometía hacer más felices a más personas en realidad se limitó a beneficiar a unos cuantos dejando rezagados a todos los demás.

Bauman asegura que “el mundo es manejable y demanda ser manejado en cuanto se ha rehecho a la medida de la comprensión humana”. Dado que el mundo se puede manejar, se requieren diseños para establecer lo nuevo. Hay dos formas de crear lo nuevo, el sociólogo, Lewis Mumford utiliza la agricultura y la minería para ejemplificar estas formas. La agricultura repone lo que el hombre saca de la tierra, mientras que la minería es destructiva, lo que se obtiene ya no se puede reemplazar y en la modernidad se puede decir que la forma de crear de la minería ha sido la más común. Bajo esta concepción, para que se cree algo nuevo, se tiene que destruir lo anterior, la minería es de un solo sentido, irreversible y no se puede concebir sin residuos.

Así, la idea de modernidad nace con la idea de progreso, con la idea de que la humanidad se puede cambiar, se rechaza todo lo anterior, pero se convierte en una historia de diseños fracasados, agotados o abandonados. La revisión y cuestionamiento de estos diseños se hace desde la postmodernidad con una mirada crítica y varias veces en tono de decepción.

El fiel compañero de los residuos es el exceso. Actualmente existe un exceso de información que es imposible contener en la memoria humana, ni siquiera en los grandes almacenes bibliotecarios, solamente cabe en la memoria electrónica, en la Red mundial que sirve de basurero. Los esfuerzos por eliminar más residuos terminan originando más. En las fábricas salen dos tipos de camiones: los de los productos nuevos y los de los residuos y estamos acostumbrados a pensar solamente en los primeros, a dejar de lado y hacer invisibles los segundos, queremos evitar todo lo residual: barrios peligrosos, campos de refugiados, malas zonas, etc. Pero el exceso de residuos está ahí, más bien está aquí, los basureros recalcan las fronteras entre lo útil y lo inservible, lo normal y lo patológico.

El diseño adquiere su importancia y su validez cuando el mundo no es como debería de ser, se piensa para ampliar lo bueno y terminar con lo malo. El problema aquí es que el diseño está creado por una minoría y lo bueno y lo malo es dictado por ellos.

Según el Oxford English dictionary, hasta 1870 no se había utilizado la palabra superpoblación, pero ya para 1798, Thomas Robert Malthus publicó su Ensayo sobre el Principio de la Población, donde señalaba que el crecimiento de ésta era cada vez mayor y la oferta alimenticia no bastaría para satisfacer sus necesidades. Malthus recibió numerosas críticas porque señalaba lo contrario a los ideales de la modernidad en que la humanidad, a través de la tecnología, la industria y el poder militar sería capaz de vivir en felicidad. Se creía, por el contrario de Malthus, que a mayor número de personas, habría mayor trabajo y por consecuencia grandes ganancias y progreso. La superpoblación es el nombre que se le da a las personas que están de más, que no contribuyen a la economía pues son consumidores fallidos y resultan costosos para la sociedad. La población excedente, los residuos humanos no deseados, son consecuencias del progreso económico. Los superfluos son considerados la parte enfermiza, los intrusos en una sociedad sana y son tratados con inferioridad, están excluidos de la comunicación social, de la agenda pública, se hacen mudos e invisibles. Donde se espera que se desate la superpoblación es en los países africanos que actualmente cuentan con menos densidad de población. En Europa, el promedio de habitantes por kilómetro cuadrado es de 101 mientras que en África es de 21, pero los países europeos no son considerados superpoblados porque los países ricos pueden soportar la densidad de población pues cubren sus necesidades y siguen generando riqueza. Paul y Ann Ehrlich en su ponencia Demasiada Gente Rica pronunciada en El Cairo en septiembre de 1994 en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, formulan una cuestión muy comprometedora, se preguntan que si serán los ricos los verdaderos parásitos planetarios con su gloriosa forma de vida. Culpar a la superpoblación es lo más sencillo cuando las preferencias de los diseñadores así lo requieren, como si los que habitaran en exceso fueran ellos: los pobres, los intrusos, los seres humanos residuales.